GRADO 9° LENGUA CASTELLANA
BIENVENIDOS A NUESTRAS CLASES DE LENGUA CASTELLANA 2026
SEMANA 1 y 2
SEMANA 3 - 4
una descripción objetiva de los temas, hechos o sucesos acaecidos durante la sesión o reunión y, en segundo lugar, un texto escrito de registro que describe, de manera precisa, el desarrollo de los aspectos fundamentales de un trabajo realizado.
Un protocolo es más que un acta, es decir, va más allá de recapitular de manera cronológica y puntual cada uno de los sucesos ocurridos en un evento o reunión.
Un protocolo tampoco es un simple resumen; no se limita a presentar una síntesis global de un tema genérico. De igual manera, el protocolo no es un ensayo crítico sobre un determinado proceso de trabajo. Menos todavía, un protocolo consiste en una compilación de opiniones sueltas, expuestas a lo largo de una sesión, encuentro o seminario.
El protocolo, como instrumento de trabajo y seguimiento de un proceso, es importante porque permite, entre otras cosas:
a. Convertir las opiniones sueltas en enunciados con sentido.
b. Enterar a las personas ausente de un trabajo desarrollado durante algún tipo de sesión.
c. Concentrar la atención de los participantes hacia los temas prioritarios de una exposición, a la vez que dirigirla de manera consciente.
d. Reforzar el proceso de enseñanza – aprendizaje en tanto la reconstrucción de un proceso permite fijar con mayor fuerza campos de información.
e. Contar con una descripción narrada de primera mano que posibilita construir la memoria de un proceso y, al mismo tiempo registrar las decisiones fundamentales que se tomen en el curso de la discusión
f. Conocer las distintas formas y maneras como los participantes de un evento interpretan la experiencia, resaltando determinados hechos o enfatizando algunos puntos.
g. Identificar aquellos temas en los cuales el grupo logró una adecuada o inadecuada asimilación de los contenidos. De la misma manera, detectar cuáles temas, que eran importantes, pasaron desapercibidos por el grupo, o los vacíos que deben cubrirse en posteriores oportunidades. Y finalmente, evidenciar las zonas de consenso en torno a decisiones, asuntos o problemas.
Se puede utilizar cualquier estilo de redacción, pero insistiendo en la claridad, precisión y sencillez. Puede ayudarse de diagramas o esquemas aclaratorios.
Por su valor de registro, el protocolo debe tener una estructura lo suficientemente ágil y concreta como para que cualquier lector pueda enterarse, sin gran dificultad, de lo ocurrido durante el evento que se describe narrativamente.
Por lo mismo, es recomendable que un protocolo contenga las siguientes partes:
a. Una identificación de la situación: lugar geográfico, fecha, hora, objetivo o motivo del evento, participantes, duración, momentos de la sesión, etc.
b. Descripción de las actividades: si se hizo mediante una exposición o en trabajo en grupo, si fue utilizando un taller o una plenaria, o un grupo focal o una dinámica de observación, etc.
c. Temas tratados en orden de importancia: cuáles fueron las columnas vertebrales de la discusión, cuáles las líneas – fuerza que soportaron el desarrollo del evento. Aquí es donde el trabajo de escritura es de suma importancia, pues no se trata de enumerar los temas, sino de desarrollarlos narrativamente.
d. Decisiones o acuerdos fundamentales a que se llegaron: pueden referirse al inmediato o largo plazo, pueden haber surgido durante el desarrollo del evento y no siempre al final; pueden no haberse evidenciado como decisiones de manera explícita por lo cual, hay que inferirlas.
e. Tareas asignadas, compromisos establecidos, responsables: es el puente de conexión entre uno y otro evento o entre sesiones. Pueden consistir en: lecturas asignadas, trabajos por realizar, ejercicios formales y no formalizados, productos de diversa índole, etc. Es la clave registrar la importancia de la tarea dentro del proceso, y si hay responsables directos o si es una responsabilidad grupal.
De los protocolos académicos se aprenden dos cuestiones fundamentales.
Primero, se aprende a discutir, a distinguir entre la mera opinión y el real aporte. Se comprende que una intervención sólo constituye un aporte real a una discusión si beneficia a todos y si aumenta el conocimiento de todos sobre un tema. Muchas veces pensamos que lo importante en una discusión es opinar; después de haber intentado protocolar discusiones convertidas en “simples discusiones” aprendemos que lo importante es aportar y construir en colectivo, respetando la diferencia.
Segundo, se aprende a resumir una discusión, resaltando el avance del conocimiento grupal acerca de un cierto tema. Esto significa que se aprende a escuchar atentamente, buscando lo que une a todos los participantes en la discusión, incluso a través de sus divergencias. Se aprende a ir más allá de las intervenciones individuales y a reconocer los caminos de la discusión, los puntos de partida, las ramificaciones y los puntos de llegada.
PARTES DEL PROTOCOLO
CABECERA DEL PROTOCOLO: Evento (organizador), Fecha, Lugar y Duración. Número de protocolo.
DESARROLLO DEL TEMA: temas vistos, aportes importantes, socializaciones relevantes, actividades realizadas. Conclusiones…
COMPROMISOS: Si hay tareas asignadas y quiénes son los responsables.
FIN DEL PROTOCOLO: Firma del autor del Protocolo Función del protocolo en el ámbito del aprendizaje.
El protocolo es el momento de explicitar los procesos, es una oportunidad de hacer sugerencias sobre el contenido. Ese proceso que sensibilizó a alguien, se expresa.
Es un punto de partida, uno de esos criterios es el de selectividad, consignamos eventos, experiencias, pensamientos que son significativos y que tienen una importancia especial.
Esa selección de lo que es más importante, no es arbitraria, tiene que tener alguna justificación. Por ejemplo, al momento de determinar la temática de la sesión, se debe recurrir al criterio de la selección. Allí se dicen cosas que parecen interesantes, pero que son comentarios al margen del propósito general de la reunión, porque se desvió la conversación hacia ese lado, porque alguien quiso hacer un paréntesis o porque ocurrió algo insólito que de golpe nos hizo pensar eso, aunque no fuera lo más relacionado con el tema.
Otro criterio está relacionado con lo personal como sujeto participante en el proceso.
Por ejemplo, para alguien fue muy interesante una lectura, sus características y temáticas, esto lo recogería en su protocolo. Pero para otra persona, lo importante fue el procedimiento del trabajo en grupo, ya que arrojó más luces e hizo que el aprendizaje tuviera más significado. Esta no significa que cuando se hace un protocolo, se tenga libertad para poner allí lo que se le ocurra al protocolando, pero sí se tiene una cierta libertad para dar una versión de los hechos y que en el momento de ponerse en común, se puede complementar con lo que se agregue.
Entonces cuando volvemos a leer el protocolo, podemos encontrar momentos que pueden volver a tener un valor significativo, en términos conceptuales e investigativos.
Esa es la naturaleza de los protocolos.
TEMA: Los niveles de comprensión lectora
- Consiste en entender lo que el texto dice de manera explícita
- Consiste en comprender a partir de indicios que proporciona el texto
- Requiere un alto grado de abstracción por parte del lector
- Se construyen inferencias cuando se comprende por medio de relaciones y asociaciones el significado del texto
- Nivel crítico
- Consiste en evaluar el texto, ya sea su tema, personaje, mensaje, etc. Se evalúa críticamente el texto
Cuerpo y alma
[Cuento - Texto completo.]
Gibrán Jalil GibránUn hombre y una mujer se sentaron junto a una ventana abierta a la primavera. Se sentaron uno junto al otro. Y la mujer dijo:
-Te amo. Eres bello y rico, y estás siempre bien ataviado.
Y el hombre dijo:
-Te amo. Eres un bello pensamiento, algo demasiado etéreo para sostenerlo en la mano, y una canción en mis sueños.
Mas, la mujer se levantó con furia y replicó:
-Señor, por favor déjame ya. No soy un pensamiento ni una cosa que pasa por tus sueños. Soy una mujer. Preferiría que me desearas como esposa y madre de niños no nacidos aún.
Y se separaron.
Y el hombre hablaba en su corazón: “He aquí otro sueño que se convierte en humo”.
Y la mujer decía: “Bien. ¿Y qué decir de un hombre que se convierte en humo y sueños?”
¿Qué es la lectura inferencial?
La lectura inferencial es aquella que va más allá del sentido literal de un texto, colocándola en contexto con otras obras y con su tiempo histórico, deduciendo elementos como la intención del autor, ideas y pensamiento que se desprenden de la lectura, influencias previas y posteriores, etc.
- Hallar las pistas o claves significativas.
- Encontrar más de una interpretación o significado en todo aquello que lean.
- Localizar datos o ideas que el escritor o escritora pretenden transmitir.
- Utilizar esta estrategia en cualquier texto.
En este nivel el estudiante responde preguntas como:
-
¿Por qué ocurrió algo?
-
¿Qué quiso decir el autor?
-
¿Qué pasará después?
-
¿Qué se puede deducir de una situación?
Importancia de la lectura inferencial
La lectura inferencial es importante porque:
-
Permite comprender el sentido profundo del texto, no solo lo que dice literalmente.
-
Desarrolla el pensamiento crítico y analítico en los estudiantes.
-
Ayuda a interpretar intenciones, emociones y causas dentro de una historia.
-
Fortalece la capacidad de hacer hipótesis y conclusiones.
-
Es una habilidad clave en evaluaciones como las pruebas de comprensión lectora y las evaluaciones escolares.
Lengua Castellana – Grado 9°
Comprensión
de lectura – Tema: Texto argumentativo
Realiza
la lectura del texto y responde las preguntas, el trabajo se entreqa en hojas
de block sin rayas, escrito a mano y
bien presentado.
Lectura: El impacto de la tecnología en la
educación
La tecnología ha transformado profundamente la manera en que las personas aprenden y enseñan. Hace algunas décadas, la educación dependía casi exclusivamente de libros impresos, cuadernos y clases presenciales. Hoy en día, los estudiantes tienen acceso a una enorme cantidad de información a través de internet, plataformas virtuales y herramientas digitales.
Uno de los cambios más importantes es el acceso inmediato al
conocimiento. Antes, para investigar un tema era necesario acudir a bibliotecas
o consultar enciclopedias. Actualmente, un estudiante puede encontrar
artículos, videos, cursos y documentos en cuestión de segundos.
Sin embargo, este acceso también implica nuevos desafíos. No
toda la información que se encuentra en internet es confiable. Por esta razón,
es fundamental que los estudiantes desarrollen habilidades de pensamiento
crítico que les permitan analizar las fuentes y verificar la veracidad de los
datos.
Otra ventaja de la tecnología es la posibilidad de aprender de
manera interactiva. Existen aplicaciones educativas, simuladores y plataformas
que permiten realizar experimentos virtuales, resolver ejercicios o participar
en clases en línea.
Durante la pandemia de COVID-19, muchas instituciones educativas
tuvieron que adaptarse rápidamente a la educación virtual. Esto demostró que la
tecnología puede ser una herramienta fundamental para garantizar la continuidad
del aprendizaje en situaciones difíciles.
No obstante, también se evidenciaron problemas como la
desigualdad en el acceso a dispositivos electrónicos y conexión a internet.
Muchos estudiantes en diferentes regiones del mundo no pudieron continuar sus
estudios de manera adecuada debido a la falta de recursos tecnológicos.
Por esta razón, expertos en educación señalan que la
tecnología debe utilizarse como una herramienta complementaria y no como un
reemplazo total de la enseñanza presencial. El papel del docente sigue siendo
fundamental para orientar, explicar y acompañar el proceso de aprendizaje.
Además, la tecnología puede fomentar nuevas formas de
colaboración entre estudiantes. A través de plataformas digitales es posible
trabajar en proyectos grupales, compartir documentos y comunicarse con
compañeros y profesores en tiempo real.
En conclusión, la tecnología representa una gran oportunidad
para mejorar la educación, pero también plantea retos importantes. El desafío
actual consiste en utilizarla de manera responsable, crítica y equilibrada para
aprovechar sus beneficios sin perder los aspectos humanos del aprendizaje.
Preguntas
Nivel literal
- ¿Cómo era la
educación hace algunas décadas?
- ¿Qué
herramienta permite acceder rápidamente a información hoy?
- ¿Qué ocurrió
con la educación durante la pandemia?
- ¿Qué problema
enfrentaron muchos estudiantes durante la educación virtual?
- ¿Qué papel
siguen teniendo los docentes?
Nivel inferencial
- ¿Por qué es
importante desarrollar pensamiento crítico al usar internet?
- ¿Cómo puede la
tecnología mejorar el aprendizaje?
- ¿Qué
consecuencias tiene la desigualdad tecnológica?
- ¿Por qué la
tecnología no debe reemplazar totalmente al docente?
- ¿Qué ventajas
tiene el trabajo colaborativo en línea?
Nivel crítico e intertextual
- ¿Crees que la
tecnología mejora realmente la educación? Justifica.
- Relaciona este
texto con tu experiencia como estudiante.
- ¿Qué riesgos
puede tener el uso excesivo de tecnología?
- Elabora un
cuadro comparativo
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Educación tradicional |
Educación con tecnología |
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- Realiza un
esquema o mapa conceptual sobre el impacto de la tecnología en la educación.
Hernando Téllez (Colombia, 1908- 1966)
No saludó al entrar. Yo estaba repasando sobre una badana la mejor de mis navajas. Y cuando lo reconocí me puse a temblar. Pero él no se dio cuenta. Para disimular continué repasando la hoja. La probé luego sobre la yema del dedo gordo y volví a mirarla contra la luz. En ese instante se quitaba el cinturón ribeteado de balas de donde pendía la funda de la pistola. Lo colgó de uno de los clavos del ropero y encima colocó el kepis. Volvió completamente el cuerpo para hablarme y, deshaciendo el nudo de la corbata, me dijo: “Hace un calor de todos los demonios. Aféiteme”. Y se sentó en la silla. le calculé cuatro días de barba. Los cuatro días de la última excursión en busca de los nuestros. El rostro aparecía quemado, curtido por el sol.
Me puse a preparar minuciosamente el jabón. Corté unas rebanadas de la pasta, dejándolas caer en el recipiente, mezclé un poco de agua tibia y con la brocha empecé a revolver. Pronto subió la espuma “Los muchachos de la tropa deben tener tanta barba como yo”. Seguí batiendo la espuma. “Pero nos fue bien, ¿sabe? Pescamos a los principales. Unos vienen muertos y otros todavía viven. Pero pronto estarán todos muertos”. “¿Cuántos cogieron?” pregunté. “Catorce. Tuvimos que internarnos bastante para dar con ellos. Pero ya la están pagando. Y no se salvará ni uno, ni uno”. Se echó para atrás en la silla al verme la brocha en la mano, rebosante de espuma Faltaba ponerle la sábana. Ciertamente yo estaba aturdido. Extraje del cajón una sábana y la anudé al cuello de mi cliente. Él no cesaba de hablar. Suponía que yo era uno de los partidarios del orden. “El pueblo habrá escarmentado con lo del otro día”, dijo. “Sí”, repuse mientras concluía de hacer el nudo sobre la oscura nuca, olorosa a sudor. “¿Estuvo bueno, verdad?” “Muy bueno”, contesté mientras regresaba a la brocha.
El hombre cerró los ojos con un gesto de fatiga y esperó así la fresca caricia del jabón. Jamás lo había tenido tan cerca de mí. El día en que ordenó que el pueblo desfilara por el patio de la escuela para ver a los cuatro rebeldes allí colgados, me crucé con él un instante. Pero el espectáculo de los cuerpos mutilados me impedía fijarme en el rostro del hombre que lo dirigía todo y que ahora iba a tomar en mis manos. No era un rostro desagradable, ciertamente. Y la barba, envejeciéndolo un poco, no le caía mal. Se llamaba Torres. El capitán Torres. Un hombre con imaginación, porque ¿a quién se le había ocurrido antes colgar a los rebeldes desnudos y luego ensayar sobre determinados sitios del cuerpo una mutilación a bala? Empecé a extender la primera capa de jabón. El seguía con los ojos cerrados. “De buena gana me iría a dormir un poco”, dijo, “pero esta tarde hay mucho qué hacer”. Retiré la brocha y pregunté con aire falsamente desinteresado: “¿Fusilamiento?” “Algo por el estilo, pero más lento”, respondió. “¿Todos?” “No. Unos cuantos apenas”.
Reanudé de nuevo la tarea de enjabonarle la barba. Otra vez me temblaban las manos. El hombre no podía darse cuenta de ello y ésa era mi ventaja. Pero yo hubiera querido que él no viniera. Probablemente muchos de los nuestros lo habrían visto entrar. Y el enemigo en la casa impone condiciones. Yo tendría que afeitar esa barba como cualquiera otra, con cuidado, con esmero, como la de un buen parroquiano, cuidando de que ni por un solo poro fuese a brotar una gota de sangre. Cuidando de que en los pequeños remolinos no se desviara la hoja. Cuidando de que la piel, quedara limpia, templada, pulida, y de que al pasar el dorso de mi mana por ella, sintiera la superficie sin un pelo. Sí. Yo era un revolucionario clandestino, pero era también un barbero de conciencia, orgulloso de la pulcritud en su oficio. Y esa barba de cuatro días se prestaba para una buena faena.
Tomé la navaja, levanté en ángulo oblicuo las dos cachas, dejé libre la hoja y empecé la tarea, de una de las patillas hacia abajo. La hoja respondía a la perfección. El pelo se presentaba indócil y duro, no muy crecido, pero compacto. La piel iba apareciendo poco a poco. Sonaba la hoja con su ruido característico, y sobre ella crecían los grumos de jabón mezclados con trocitos de pelo. Hice una pausa para limpiarla, tomé la badana, de nuevo yo me puse a asentar el acero, porque soy un barbero que hace bien sus cosas. El hombre que había mantenido los ojos cerrados, los abrió, sacó una de las manos por encima de la sábana, se palpó la zona del rostro que empezaba a quedar libre de jabón, y me dijo: “Venga usted a las seis, esta tarde, a la Escuela”. “¿Lo mismo del otro día?”, le pregunté horrorizado. “Puede que resulte mejor”, respondió. “¿Qué piensa usted hacer?” “No sé todavía. Pero nos divertiremos”. Otra vez se echó hacia atrás y cerró los ojos. Yo me acerqué con la navaja en alto. “¿Piensa castigarlos a todos?”, aventuré tímidamente. “A todos”. El jabón se secaba sobre la cara. Debía apresurarme. Por el espejo, miré hacia la calle. Lo mismo de siempre: la tienda de víveres y en ella dos o tres compradores. Luego miré el reloj: las dos veinte de la tarde. La navaja seguía descendiendo. Ahora de la otra patilla hacia abajo. Una barba azul, cerrada. Debía dejársela crecer como algunos poetas o como algunos sacerdotes. Le quedaría bien. Muchos no lo reconocerían. Y mejor para él, pensé, mientras trataba de pulir suavemente todo el sector del cuello. Porque allí sí que debía manejar coro habilidad la hoja, pues el pelo, aunque es agraz, se enredaba en pequeños remolinos. Una barba crespa. Los poros podían abrirse, diminutos, y soltar su perla de sangre.
Un buen barbero como yo finca su orgullo en que eso no ocurra a ningún cliente. Y éste era un cliente de calidad. ¿A cuántos de los nuestros había ordenado matar? ¿A cuántos de los nuestros había ordenado que los mutilaran? ... Mejor no pensarlo. Torres no sabía que yo era un enemigo. No lo sabía él ni lo sabían los demás. Se trataba de un secreto entre muy pocos, precisamente para que yo pudiese informar a los revolucionarios de lo que Torres estaba haciendo en el pueblo y de lo que proyectaba hacer cada vez que emprendía una excursión para cazar revolucionarios. Iba a ser, pues, muy difícil explicar que yo lo tuve entre mis manos y lo dejé ir tranquilamente, vivo y afeitado.
La barba le había desaparecido casi completamente. Parecía más joven, con menos años de los que llevaba a cuestas cuando entró. Yo supongo que eso ocurre siempre con los hombres que entran y salen de las peluquerías. Bajo el golpe de mi navaja Torres rejuvenecía, sí; porque yo soy un buen barbero, el mejor de este pueblo, lo digo sin vanidad. Un poco más de jabón, aquí, bajo la barbilla, sobre la manzana, sobre esta gran vena. ¡Qué calor! Torres debe estar sudando como yo. Pero él no tiene miedo. Es un hombre sereno que ni siquiera piensa en lo que ha de hacer esta tarde con los prisioneros. En cambio yo, con esta navaja entre las manos, puliendo y puliendo esta piel, evitando que brote sangre de estos poros, cuidando todo golpe, no puedo pensar serenamente. Maldita la hora en que vino, porque yo soy un revolucionario pero no soy un asesino. Y tan fácil como resultaría matarlo.
Y lo merece. ¿Lo merece? No, ¡qué diablos! Nadie merece que los demás hagan el sacrificio de convertirse en asesinos. ¿Qué se gana con ello? Pues nada. Vienen otros y otros y los primeros matan a los segundos y éstos a los terceros y siguen y siguen hasta que todo es un mar de sangre. Yo podría cortar este cuello, así, ¡zas! No le daría tiempo de quejarse y como tiene los ojos cerrados no vería ni el brillo de la navaja ni el brillo de mis ojos. Pero estoy temblando como un verdadero asesino. De ese cuello brotaría un chorro de sangre sobre la sábana, sobre la silla, sobre mis manos, sobre el suelo. Tendría que cerrar la puerta. Y la sangre seguiría corriendo por el piso, tibia, imborrable, incontenible, hasta la calle, como un pequeño arroyo escarlata. Estoy seguro de que un golpe fuerte, una honda incisión, le evitaría todo dolor. No sufriría. ¿Y qué hacer con el cuerpo? ¿Dónde ocultarlo? Yo tendría que huir, dejar estas cosas, refugiarme lejos, bien lejos. Pero me perseguirían hasta dar conmigo. “El asesino del Capitán Torres. Lo degolló mientras le afeitaba la barba. Una cobardía”. Y por otro lado: “El vengador de los nuestros. Un nombre para recordar (aquí mi nombre). Era el barbero del pueblo. Nadie sabía que él defendía nuestra causa...” ¿Y qué? ¿Asesino o héroe? Del filo de esta navaja depende mi destino.
Puedo inclinar un poco más la mano, apoyar un poco más la hoja, y hundirla. La piel cederá como la seda, como el caucho, como la badana. No hay nada más tierno que la piel del hombre y la sangre siempre está ahí, lista a brotar. Una navaja como ésta no traiciona. Es la mejor de mis navajas. Pero yo no quiero ser un asesino, no señor. Usted vino para que yo lo afeitara. Y yo cumplo honradamente con mi trabajo... No quiero mancharme de sangre. De espuma y nada más. Usted es un verdugo y yo no soy más que un barbero. Y cada cual en su puesto. Eso es. Cada cual en su puesto.
La barba había quedado limpía, pulida y templada. El hombre se incorporó para mirarse en el espejo. Se pasó las manos por la piel y la sintió fresca y nuevecita.
“Gracias”, dijo. Se dirigió al ropero en busca del cinturón, de la pistola y del kepis. Yo debía estar muy pálido y sentía la camisa empapada. Torres concluyó de ajustar la hebilla, rectificó la posición de la pistola en la funda y, luego de alisarse maquinalmente los cabellos, se puso el kepis. Del bolsillo del pantalón extrajo unas monedas para pagarme el importe del servicio. Y empezó a caminar hacia la puerta. En el umbral se detuvo un segundo y volviéndose me dijo:
“Me habían dicho que usted me mataría. Vine para comprobarlo. Pero matar no es fácil. Yo sé por qué se lo digo”. Y siguió calle abajo.
¿Qué es un texto narrativo?
Un texto narrativo es aquel que relata una serie de hechos ocurridos a uno o varios personajes a través de un narrador (de ahí su nombre). Pueden ser de naturaleza ficticia o real. Por ejemplo, las novelas, cuentos o biografías.
Normalmente sigue una organización secuencial que consta de una introducción, un desarrollo y un final.
Y dependiendo de su duración, veracidad, cronología o presencia de elementos gráficos, un texto narrativo puede considerarse un cuento, novela, fábula, crónica, biografía o historieta.
Como hemos mencionado, el texto narrativo cuenta una historia (real o ficticia) a partir del punto de vista de un narrador, con unos personajes, espacio y tiempo determinados. Veamos los diferentes tipos de textos narrativos que existen:
Tipos de textos narrativos
- Cuento. Es una narración literaria corta y compuesta por pocos personajes. Cuenta con un único conflicto, que finalmente acaba con su desenlace.
- Novela. Es una narración literaria de mayor extensión y desarrollo que el cuento. Las novelas tienen un conflicto principal, pero también varios conflictos secundarios que se desarrollan y resuelven a lo largo del relato. Además, cuentan con un mayor número de personajes. Suelen estar divididas en capítulos.
- Historieta. Es una narración que combina texto con elementos gráficos. Suelen tener un personaje principal y varios secundarios. Se caracterizan por representar gráficamente aquello que está escrito.
- Chiste. Es una narración breve que utiliza recursos o juegos de palabras con el objetivo de entretener o hacer reír al lector.
- Diario de vida. Es una serie de relatos escritos por un autor en primera persona, que intenta expresar hechos o experiencias personales que desea registrar.
- Biografía. Es un texto que busca narrar la vida de una persona. Generalmente, se escriben biografías sobre personajes que resultan significativos dentro de la sociedad, por lo que resulta interesante dar a conocer su vida. Si la biografía es escrita por la persona de la que se trata la historia, se denomina autobiografía.
- Crónica. Es el relato cronológico de un acontecimiento. Los hechos se narran en el orden en que ocurrieron.
- Mito y leyenda. Son narraciones que mezclan hechos realePers y sobrenaturales y que explican un hecho en particular. Si bien originalmente se transmitían en forma oral, algunos autores recopilaron mitos y leyendas en narraciones escritas.
Tipos de narradores según la persona gramatical
Hay distintos tipos de narradores según qué persona gramatical se utiliza más. En algunos textos, estos narradores se pueden combinar.
- Narrador en primera persona (yo, nosotros). Se utiliza para narrar los hechos desde el punto de vista de un personaje, que puede ser o no protagonista. Es un narrador interno, porque forma parte de la historia contada.
- Narrador en segunda persona (tú, usted, ustedes). Dirige su discurso al lector, a un personaje o a sí mismo. Algunos textos pueden estar enteramente narrados en segunda persona o pueden combinar esta persona con la primera o con la tercera. Este tipo de narrador es el menos utilizado en textos literarios, y apela a la empatía del lector.
- Narrador en tercera persona (ella, él, ellas, ellos). Cuenta los hechos desde el punto de vista de una entidad que está por fuera de la historia. En algunos casos, este narrador puede tener una participación acotada en la trama.
Tipos de narradores según su conocimiento
Los narradores también se clasifican según el conocimiento o el nivel de cercanía que tienen sobre los hechos, los temas o los personajes y según cómo es su intervención en la trama.
- Narrador protagonista. Es el personaje principal y utiliza la primera persona para relatar la historia. Por eso, los hechos se cuentan de manera subjetiva, es decir, se incluyen las opiniones, sentimientos e intenciones de este personaje, pero no se mencionan los pensamientos y sentimientos del resto. Puede suceder que este narrador no conozca algunos hechos del relato.
- Narrador omnisciente. No participa en la historia y relata los acontecimientos en tercera persona y de manera objetiva. Además, sabe todo lo que sucedió y cuáles son los sentimientos, pensamientos e intenciones de los distintos personajes.
- Narrador testigo. Utiliza la tercera persona y, en algunos casos, la primera persona para relatar los acontecimientos. Es un personaje de la historia, pero nunca es el protagonista, ya que solo observa o los hechos que le ocurrieron a otros personajes. Existen tres tipos de narrador testigo:– Testigo impersonal. Narra acontecimientos que presenció, pero en los que no participó. Se suele contar la historia en presente.– Testigo presencial. Es un personaje secundario que narra desde su perspectiva los hechos en los que participaron otros personajes o en los que tuvo poca intervención.– Testigo informante. Narra lo sucedido como si estuviera transcribiendo los hechos o la información a un documento oficial.
- Narrador observador. Relata la historia en tercera persona y de manera objetiva, es decir, que no opina sobre lo acontecido. No participa en la trama y solo puede contar aquello que se percibe con los sentidos, por eso, no hace mención de los pensamientos, intenciones y sentimientos de los personajes.
- Narrador equisciente. Relata la historia en tercera persona y se centra en contar lo que le ocurrió y lo que sabe un solo personaje, sobre el que cuenta sus pensamientos, sus sentimientos y sus intenciones. Sobre el resto de los personajes solo puede hacer conjeturas.
- Narrador múltiple. Se combinan y alternan varios narradores que cuentan una misma historia, es decir, los hechos se relatan desde múltiples perspectivas.
- Narrador enciclopédico. Relata hechos o explica teorías o conceptos en tercera persona y de manera objetiva e imparcial. Este narrador no se utiliza en textos literarios, sino en textos científicos o académicos, como enciclopedias o manuales escolares.
Ejemplos de narrador
- Narrador en primera persona – Autobiografía, de Agatha Christie
Una de las mejores cosas que le pueden tocar a uno en la vida es una infancia feliz. La mía lo fue. Tenía una casa y un jardín que me gustaban mucho, una juiciosa y paciente nodriza, y por padres dos personas que se amaban tiernamente y cuyo matrimonio y paternidad fueron todo un éxito.
Mirando hacia atrás, veo que el nuestro era un hogar feliz, gracias, en gran parte, a mi padre que era un hombre muy complaciente. En nuestros días no se da mucha importancia a esta cualidad. Se suele preguntar si un hombre es inteligente e industrioso, si contribuye al bienestar común, si tiene influencias.
- Narrador en segunda persona – Memorias póstumas de Brás Cubas, de Joaquim Machado de Assis
Retén esta expresión, lector; guárdala, examínala, y si no llegas a entenderla, puedes concluir que ignoras una de las sensaciones más sutiles de ese mundo y de aquel tiempo.*
*En muchas partes de este libro, se utiliza la segunda persona para hablarle al lector, pero la mayoría de la novela está narrada en primera persona.
- Narrador en tercera persona – Ilíada, de Homero
- Narrador protagonista – David Copperfield, de Charles Dickens
Si soy yo el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, lo dirán estas páginas. Para empezar mi historia desde el principio, diré que nací (según me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la noche. Y, cosa curiosa, el reloj empezó a sonar y yo a gritar simultáneamente.
Teniendo en cuenta el día y la hora de nacimiento, la enfermera y algunas comadronas del barrio (que tenían puesto un interés vital en mí bastantes meses antes de que pudiéramos conocernos personalmente) declararon: primero, que estaba predestinado a ser desgraciado en esta vida, y segundo, que gozaría del privilegio de ver fantasmas y espíritus.
- Narrador omnisciente – “Las ruinas circulares”, de Jorge Luis Borges
El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro.
- Narrador testigo impersonal – La colmena, de Camilo José Cela
La mujer se va por la acera, camino de la plaza de Alonso Martínez. En una ventana del Café que hace esquina al bulevar, dos hombres hablan. Son dos hombres jóvenes, uno de veintitantos y otro de treinta y tantos años; el más viejo tiene aspecto de jurado en un concurso literario; el más joven tiene aire de ser novelista.
- Narrador testigo presencial – El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad
Guardó silencio. Las llamas se deslizaban por el río, llamas pequeñas y de color verde, llamas rojas, llamas blancas, que se perseguían y que se alcanzaban, uniéndose, para luego cruzarse y separarse muy lentamente, o muy aprisa. El tráfico de la gran ciudad proseguía en una noche cada vez más densa, sobre un río que jamás dormía. Nos observábamos, esperando, pacientemente. No había nada que hacer mientras no cambiara la marea, pero solo después de un largo silencio, al decir Marlow, con vos vacilante, “Supongo, camaradas, que recordaréis que en cierta ocasión probé suerte como marino de agua dulce”, nos dimos cuenta de que estábamos condenados a escuchar, antes de que la corriente comenzara a descender, otra de sus experiencias ambiguas e inconclusas historias.
- Narrador testigo informante – El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra
Cuando yo oí decir «Dulcinea del Toboso», quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y, haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del libro; y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo, y prometió de traducirlos bien y fielmente y con mucha brevedad; pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la mano tan buen hallazgo, le truje a mi casa, donde en poco más de mes y medio la tradujo toda, del mesmo modo que aquí se refiere.
- Narrador observador – “El matadero”, de Esteban Echeverría
Sucedió, pues, en aquel tiempo, una lluvia muy copiosa. Los caminos se anegaron; los pantanos se pusieron a nado y las calles de entrada y salida a la ciudad rebosaban en acuoso barro. Una tremenda avenida se precipitó de repente por el Riachuelo de Barracas, y extendió majestuosamente sus turbias aguas hasta el pie de las barrancas del alto. El Plata creciendo embravecido empujó esas aguas que venían buscando su cauce y las hizo correr hinchadas por sobre campos, terraplenes, arboledas, caseríos, y extenderse como un lago inmenso por todas las bajas tierras. La ciudad circunvalada del Norte al Este por una cintura de agua y barro, y al Sud por un piélago blanquecino en cuya superficie flotaban a la ventura algunos barquichuelos y negreaban las chimeneas y las copas de los árboles, echaba desde sus torres y barrancas atónitas miradas al horizonte como implorando misericordia al Altísimo. Parecía el amago de un nuevo diluvio.
- Narrador equisciente – “Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi enseguida.
SEMANA 9 Y 10
Temáticas abordadas: El texto escrito
¿Qué es un texto?
Se entiende por texto una composición ordenada de signos inscritos en un sistema de escritura, cuya lectura permite recobrar un sentido específico referido por el emisor. La palabra texto proviene del latín textus, que significa “tejido” o “entrelazado”, de modo que en el origen mismo de la idea del texto se encuentra su capacidad para contener ideas en un hilo o una secuencia de caracteres.
De ese modo, todo texto contiene una serie de mensajes cifrados que el lector debe poder recuperar, y que puede ser de diversa índole, conforme a los cometidos expresivos de quien lo redactó: son textos las instrucciones de uso de una lavadora, pero también un poema de amor, las noticias del diario o un grafiti de protesta en una pared en la calle.
De modo que un texto viene a ser una cantidad de enunciados hilados entre sí y ordenados en base a un argumento (explicativo, narrativo, descriptivo, etc.), empleando para ello un sistema concreto de signos, que llamaremos lenguaje, y dentro de dicho sistema un código concreto que llamaremos lengua.
De ese modo, todo texto contiene una serie de mensajes cifrados que el lector debe poder recuperar, y que puede ser de diversa índole, conforme a los cometidos expresivos de quien lo redactó: son textos las instrucciones de uso de una lavadora, pero también un poema de amor, las noticias del diario o un grafiti de protesta en una pared en la calle.
- Cohesión. Un texto cohesionado es aquel cuyas partes se encuentran unidas lógicamente entre sí, o sea, que de la lectura de una parte se puede ir a la siguiente de manera ordenada, racional. La falta de cohesión hace que los textos salten de una cosa a otra, sin ton ni son.
- Coherencia. Los textos deben ser coherentes, lo cual significa centrarse en un tema o tópico sobre el cual van a referirse, sea el que sea. Un texto debería avanzar de a poco hacia la composición de una idea global, general, a través de la exposición de ideas más pequeñas o sencillas. Pero al final de la lectura de un texto coherente, uno puede explicar “de qué trata”.
- Significado. Todo texto posee un significado a recuperar por el lector, incluso en los más banales o ineficientes. Pero la escritura nunca carece de significado, pues no tendría nada que comunicar y la lectura sería imposible.
- Progresividad. Un texto ofrece su contenido de manera progresiva, es decir, poco a poco, una oración a la vez. Por eso para saber todo lo que dice debemos leerlo todo, pues a medida que avanzamos en la lectura vamos descifrando más y más del contenido de su mensaje, y si nos conformamos con la primera parte, no lo sabremos todo.
- Intencionalidad. Todo texto es escrito con alguna intención comunicativa, o sea, con algún propósito en mente, ya sea servir de recordatorio, decirle a otra persona que haga algo, o simplemente entretener. Sea como sea, dicha intención configurará el texto y hará que el emisor emplee unos u otros recursos en su composición.
- Adecuación. Todo texto debe adaptarse a una serie de códigos y preceptos que sean comunes con su receptor, de manera que éste pueda entenderlo y descifrar su contenido. Esto pasa por el modo de uso del lenguaje, también por las convenciones del género, etc.
Temáticas abordadas: La coherencia textual
La coherencia es la propiedad del texto que permite que sea interpretado como una unidad de información, percibida de una forma clara y precisa por el receptor. La coherencia se construye mediante la selección y organización de la información, y por el conocimiento que comparten el emisor y el receptor sobre el contexto o la realidad que les rodea.
Es decir:
- Selección de la información. Elegimos lo que queremos decir o escribir y lo que no, teniendo en cuenta el tema del que tratamos y lo que pretendemos comunicar.
- Organización de la información. Tenemos muchas ideas en la cabeza, pero, después de seleccionar lo necesario, hay que organizarlo de alguna manera para que el o los receptores de nuestro texto comprendan qué queremos transmitir.
Para conseguir la coherencia textual hay que tener en cuenta:
• La unidad temática. Todos los enunciados giran en torno a un tema, es decir, se relacionan unos con otros y no debe haber contradicciones.
Observa el siguiente texto:
* El día comenzó con un cielo despejado. Había todavía charcos de agua de la lluvia del día anterior. La carretera estaba desierta y la chica abrió su bolso y sacó la llave. Nadie sabía qué ocurría en la casa. Había algunas nubes, pero el ladrón siguió trepando por la pared. Así que terminé la cena y me puse a ver la tele.
Como es evidente, carece de unidad temática porque resulta imposible identificar de qué trata: ¿Un parte meteorológico? ¿Una mujer perdida en una carretera? ¿Una historia de misterio? ¿Un robo? ¿Un día en la vida de un adolescente?
• Una estructura interna lógica. Las ideas aparecen ordenadas y jerarquizadas; deben seguir algún criterio de ordenación, por ejemplo, hay ideas más generales o importantes que otras.
• Corrección gramatical y léxica. Se consigue mediante:
- El significado apropiado de las palabras: no debe haber contradicción entre el significado de las distintas palabras que aparecen relacionadas.
- El uso correcto de nexos y enlaces oracionales: estos elementos tienen como función unir palabras u oraciones (conjunciones, preposiciones, locuciones).
- La ausencia de expresiones incoherentes, denominadas anacolutos: consisten en la falta de coherencia en la construcción sintáctica de los elementos de una oración (sujetos falsos, errores de concordancia, incorrecciones léxicas, etc.) Se consideran anacolutos las construcciones del tipo:
Sujeto falso: * Yo me parece que no voy a ir1.
La forma correcta es: A mí me parece que no voy a ir. ( Y "a mí" no es el sujeto, porque no concierta con el verbo en persona.)
Errores de concordancia: * En la fiesta hubieron muchos invitados.
Lo correcto es: En la fiesta hubo muchos invitados.
* A tus amigos le gusta el fútbol.
Debe decirse: A tus amigos les gusta el fútbol.
Incorrección léxica: * La fotosíntesis es cuando una planta utiliza la energía de la luz para transformar la materia inorgánica en materia orgánica.
Se debe decir: La fotosíntesis es el proceso por el que una planta utiliza la energía de la luz para transformar la materia inorgánica en materia orgánica.
Podemos resumir lo que hemos dicho con el siguiente cuadro:
COHERENCIA Textos orales y escritos | |||
INFORMACIÓN | TEMA | ESTRUCTURA | CORRECCIÓN |
|
|
|
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Semana 11 y 12
Temáticas abordadas: La cohesión textual
Una manera de tener una buena cohesión textual es evitar la repetición de una misma palabra tanto como sea posible. La mejor forma de hacer esto es mediante el uso de los siguientes usos cohesivos:
Función | Ejemplos de palabra |
Adición | Además, y, también, de la misma manera |
Separación | o, u, también |
Oposición | Por el contrario, en cambio, sino, sino que |
Causa | Puesto que, ya que, porque |
Comparación | Como, más xxxx que, menos xxxx que |
Tiempo | Finalmente, previamente, para finalizar, después |
Condicional | Si, con tal que, solo si |
Espacio | En el medio, a la derecha, en el fondo |
Limitación | Pero, aunque, no obstante, sin embargo, mas |
Ejemplos:
- Aviso a los clientes: este establecimiento para su tranquilidad utiliza productos que no han sido probados en animales (no queda clara si la tranquilidad es del cliente o del establecimiento).
- José está satisfecho con la comida, y yo lo mismo (Estoy satisfecho por José o por la comida que yo consumí).
- Él estudió toda la noche para el examen, incluso, no lo aprobó. (Aquí se pierde el sentido de la frase por el mal uso del conector que debería ser: pero).
- ¿Juan cómo estás? (En este ejemplo se puede ver que la oración pierde el sentido a causa de la falta de la coma vocativa. Uso correcto: ¿Juan, cómo estás?)
El buen uso de la cohesión textual depende del conocimiento de las reglas gramaticales de la lengua y de la intención comunicativa que tiene el escritor.
Referencias
Cassany, D. (1995). La cocina de la escritura. Barcelona: Anagrama.
SEMANA 13
Semana del Idioma
Actividades del idioma. Exposiciones
OBRAS LITERARIAS EN LENGUA CASTELLANA Y ESCRITORES DESTACADOS
Escritores más leídos en lengua castellana
1. Miguel de Cervantes
- Obra más leída: Don Quijote de la Mancha
- Es considerado el autor más importante del español.
- Su obra es una de las más leídas del mundo.
2. Gabriel García Márquez
-
📖 Obras más leídas:
- Cien años de soledad
- El amor en los tiempos del cólera
- Es uno de los autores más leídos en Colombia y el mundo.
3. Julio Cortázar
- 📖 Obra más leída: Rayuela
- Muy influyente en la literatura moderna en español.
4. Mario Vargas Llosa
-
📖 Obras más leídas:
- La ciudad y los perros
- La fiesta del Chivo
- Figura clave del “boom latinoamericano”.
5. Isabel Allende
- Obras más leídas:
- La casa de los espíritus
- La ciudad de las bestias
- Muy leída en América Latina y el mundo.
6. Jorge Luis Borges
- Obras más leídas:
- Ficciones
- El Aleph
- Muy importante en la literatura universal.
TALLER DE RECUPERACIÓN
LENGUA CASTELLANA I PERÍODO
PAUTAS DE EVALUACIÓN:
Realizar el siguiente taller escrito a mano en hojas de block tamaño carta, bien presentado y completo. El taller debe estudiarse, tiene valor de dos notas: la parte escrita y la sustentación. Debe aprobarse la sustentación para pasar la recuperación-
I PARTE: LECTURA INFERENCIAL
Texto # 1
Masa
de César Vallejo:
Al fin de la batalla, y muerto el combatiente,
vino hacia él un hombre y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, clamando:
«Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos, con un ruego común:
«¡Quédate hermano!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos los hombres de la tierra le rodearon;
les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar.
Responde de acuerdo a la lectura del poema anterior:
1. Qué es la guerra según el poema
2. Qué significa morir
3. Explique la actitud de los hombres de guerra
4. Según el poema, por qué revivió el hombre.
5. Qué enseñanza se puede deducir del texto
6. Realice un escrito de mínimo 1 página donde realice una comparación de lo planteado en el poema con un hecho de la vida real y proponga una solución.
II PARTE: COMPRENSIÓN DE LECTURA
Realice la siguiente lectura y responda al final las preguntas
El misterio de la biblioteca
La lluvia caía con fuerza sobre el pequeño pueblo de San Gabriel aquella noche de viernes. Las calles estaban vacías y el viento golpeaba las ventanas de la antigua biblioteca municipal. El señor Esteban, el bibliotecario, había decidido quedarse hasta tarde organizando unos documentos muy antiguos que habían llegado esa misma semana.
A la mañana siguiente, la policía encontró la puerta principal abierta y todo el lugar en completo desorden. Sobre el escritorio del bibliotecario había una taza de café derramada, varios libros en el suelo y una nota rota en pequeños pedazos. Lo más extraño era que había desaparecido un valioso manuscrito que pertenecía a la historia del pueblo.
La detective Laura Méndez llegó al lugar para investigar. Mientras observaba cuidadosamente, encontró varias pistas. La ventana del segundo piso estaba cerrada por dentro, pero había barro cerca de ella. También descubrió que el reloj de pared se había detenido exactamente a las 10:15 de la noche.
Tres personas habían visitado la biblioteca aquella noche. El primero fue Julián, un estudiante que buscaba información para una tarea. Después llegó Marta, una periodista interesada en el manuscrito antiguo. Finalmente apareció don Ricardo, un coleccionista famoso por comprar objetos históricos.
La detective interrogó a los sospechosos. Julián aseguró que se fue a las nueve de la noche porque debía estudiar para un examen. Marta dijo que estuvo tomando fotografías hasta las diez. Don Ricardo afirmó que nunca entró a la biblioteca, aunque un vecino aseguró haber visto su automóvil estacionado afuera.
Cuando Laura revisó nuevamente el escritorio del bibliotecario, encontró un pequeño trozo de papel escondido debajo de la taza. En él solo podía leerse una frase incompleta: “El verdadero ladrón lleva…”. La detective observó entonces que uno de los sospechosos tenía barro en los zapatos, aunque afuera ya no llovía desde hacía varias horas.
Después de analizar todas las pistas, Laura descubrió quién había robado el manuscrito y cómo había intentado engañar a todos.
Preguntas de comprensión y análisis
- ¿Qué objeto importante desapareció de la biblioteca?
- ¿Qué pistas encontró la detective Laura en la escena del robo?
- ¿Por qué resultaba sospechoso que hubiera barro cerca de la ventana?
- ¿Cuál de los personajes te parece más sospechoso y por qué?
- ¿Qué importancia tenía la frase encontrada en el papel roto?
- Explica cómo la detective pudo descubrir que uno de los sospechosos estaba mintiendo.
- ¿Qué enseñanza deja esta historia sobre la observación y la verdad?
Actividad de redacción
Imagina que eres la detective Laura y escribe un final para la historia explicando:
- Quién robó el manuscrito.
- Cómo lo hizo.
- Qué pruebas permitieron resolver el caso.
Tu redacción debe tener mínimo 10 líneas.
III PARTE: TÉCNICAS NARRATIVAS
1. Explique los siguientes tipos de narradores:
- Narrador omnisciente
- Narrador en primera persona
- Narrador testigo
- Narrador en tercera persona
2. Realice dos ejemplos de cada uno
3. Explique los tipos de finales que se utilizan en los textos, según lo visto en clase.
4. Lectura del texto narrativo: Espuma y nada más de Hernando Téllez, para leerlo, puede copiar y pegar el siguiente link en google
https://www.literatura.us/tellez/espuma.html
Responda de acuerdo a la lectura del texto:
1. Qué tipo de narrador tiene el texto de Téllez. Explique y sustente su respuesta.
2. Qué tipo de final tiene el texto. Sustente su respuesta
3. Describa los personajes centrales del texto. Analice los apsectos físicos y psicológicos
4. ¿Qué sucede al final de la historia? Analice el final
5. Qué significa morir en el texto
6. Qué similitud tiene el texto con nuestra realidad colombiana, explique y sustente.
II PERÍODO
Semana 14 y 15
- SEMANA 16 Y 17
- ACTIVIDAD
ESTRATEGIAS ARGUMENTATIVAS
En nuestra vida
cotidiana, muchas veces necesitamos justificar
una tardanza, explicar el por qué de una inasistencia al trabajo,
manifestar una opinión ante un determinado tema, esgrimir las razones por las
que adherimos o no a una determinada medida de fuerza gremial, etc. Para
cualquiera de estas situaciones, debemos argumentar.
3. Las estrategias argumentativas
¿Qué entendemos por estrategias o
recursos de la demostración o argumentación?: son aquellos recursos que se utilizan para argumentar, es
decir, las justificaciones que se emplean para corroborar lo planteado en
la tesis.
Esas estrategias pueden ser:
Ejemplificación: consiste en probar una idea o reforzar un concepto mediante
casos concretos que se ajustan a una norma, ley o principio. El ejemplo sirve
para ilustrar una afirmación o explicación con el propósito de facilitar
su comprensión.
Si afirmamos que los institutos de menores,
a veces, contribuyen a acentuar la violencia juvenil, podemos recurrir a un
ejemplo: "El menor que asesinó a la familia García, de Capital Federal, el
mes pasado, estuvo en cuatro institutos de meno-res diferentes los últimos doce
años".
Cita de autoridad: consiste en mencionar la opinión de una persona o institución
reconocida en determinada área del conocimiento para respaldar la idea u
opinión del autor del texto. Ejemplo: El
Secretario de Seguridad de la Provincia de
Córdoba, Dr. José María Lozano, afirmó respecto de la problemática del menor,
lo siguiente: "La violencia juvenil tiene
raíces estructurales en la sociedad, por
ello requiere urgentes decisiones políticas que
modifiquen las condiciones sociales y económicas".
Analogía: establece
una comparación o paralelo entre dos situaciones semejantes. Ejemplo: “En la
telenovela Betty, la fea, la historia de la protagonista concluye con una
metamorfosis tal como sucede con la oruga que se convierte en mariposa.”
Refutación: se
cuestiona y se trata de invalidar otras opiniones mediante argumentos opuestos.
Ejemplo: “Es cierto que las nuevas tecnologías facilitan a escalas
impredecibles el acceso a la información, sin embargo si se sabe leer,
interpretar, resumir, encontrar ideas clave, lo demás viene por añadidura.
Internet es solo el medio.”
Planteo de causa-consecuencia: se plantean las causas y las consecuencias de lo que se
analiza.
Pregunta retórica: Es aquella que el autor de un texto formula, no para que sea
respondida, sino para hacer reflexionar al
lector. Ejemplo:¿Estamos
construyendo democracia o una sociedad más violenta?
Recuerden que se realizará evaluación oral individual del texto, deben estudiar. Se debe tomar nota de los aspectos relevantes de cada capítulo y del perfil de los personajes.
El amor es una falacia
Max Schulman
Capítulo I
Yo era frío y lógico. Agudo -calculador, perspicaz, certero y astuto- todo eso era yo. Mi cerebro era tan poderoso como un dínamo, tan preciso como las balanzas de un químico, tan penetrante como el bisturí de un médico. Y -¡piensen en esto!- solo tenía 18 años.
No sucede a menudo que alguien tan joven tenga un intelecto tan gigantesco. Tomen, por ejemplo, a Petey Bellows, mi compañero de cuarto en la universidad. La misma edad, el mismo origen social, pero tonto como un buey. Un tipo bastante agradable, pero sin nada en la cabeza. Del tipo emocional. Inestable. Impresionable. Y lo peor de todo, esclavo de la moda. Opino que las modas son la verdadera negación de la razón. Ser barrido y arrastrado por cada nueva locura que llega, rendirse a la idiotez sólo porque todos los demás lo hacen -esto, para mí, es la cima de la irracionalidad-. Sin embargo, no lo era para Petey.
Una tarde encontré a Petey tirado en su cama con una expresión tal de desesperación en su cara, que inmediatamente diagnostiqué apendicitis. “No te muevas”, le dije. “No tomes ningún laxante. Llamaré un médico”.
– “Mapache”, murmuró con voz ronca.
– “¿Mapache?” pregunté, deteniéndome en mi carrera.
– “Quiero un abrigo de mapache”, se lamentó Petey.
Me di cuenta de que su problema no era físico, sino mental. -“¿Por qué quieres un abrigo de mapache?”
– “Debí haberlo sabido”, gritó, golpeándose las sienes. “Debí haber sabido que volverían cuando el Charleston volvió. Como un estúpido gasté todo mi dinero en textos de estudio y ahora no puedo comprarme un abrigo de mapache.”
– “¿Quieres decir”, dije incrédulamente, “que la gente realmente está usando abrigos de mapache de nuevo?”.
– “Todos los grandes hombres del campus los están usando. ¿Dónde has estado?”
“En la biblioteca”, dije, nombrando un lugar no frecuentado por los grandes hombres del campus.
Petey saltó de la cama y se paseó por el cuarto. “Tengo que tener un abrigo de mapache”, dijo apasionadamente. “¡Tengo que tenerlo!”.
-“¿Por qué, Petey? Míralo desde una perspectiva racional. Los abrigos de mapache son insalubres. Echan pelos. Huelen mal. Pesan demasiado. Son desagradables de ver. Son…”
– “Tu no entiendes”, me interrumpió con impaciencia. “Es lo que hay que hacer. ¿No quieres estar en onda?”
– “No”, respondí con toda verdad.
– “Bueno, yo sí”, declaró. “Daría cualquier cosa por un abrigo de mapache. ¡Cualquier cosa!”.
Mi cerebro, ese instrumento de precisión, comenzó a funcionar a toda máquina. “¿Cualquier cosa?”, pregunté mirándolo escrutadoramente.
– “Cualquier cosa”, respondió en tonos vibrantes.
Golpeé mi barbilla pensativamente. Sucedía que yo sabía cómo poner mis manos sobre un abrigo de mapache. Mi padre había tenido uno en su época de estudiante. Ahora estaba en un baúl en el altillo de mi casa. También sucedía que Petey tenía algo que yo quería. No lo tenía exactamente, pero tenía los primeros derechos sobre eso. Me refiero a su chica, Polly Espy.
Por mucho tiempo yo había ambicionado a Polly Espy. Permítanme enfatizar que mi deseo por esta joven no era de naturaleza emocional. Ella era, por cierto, una chica que me excitaba las emociones, pero yo no era alguien que fuera a dejar que mi corazón gobernara mi cabeza. Quería a Polly por una razón enteramente cerebral, calculada astutamente.
Yo era un estudiante de primer año de leyes. En pocos años saldría a practicar la abogacía. Era bien consciente de contar con el tipo adecuado de esposa para promover la carrera de un abogado. Los abogados exitosos que yo había observado estaban, casi sin excepción, casados con mujeres hermosas, gráciles e inteligentes. Con una sola omisión, Polly llenaba estas características perfectamente.
Era hermosa. Aún no tenía las proporciones de una modelo, pero yo estaba seguro de que el tiempo supliría la falta. Ella ya tenía todos los elementos necesarios.
Era grácil. Por grácil quiero decir llena de gracia. Tenía una distinción al caminar, una libertad de movimiento, un equilibrio, que claramente indicaba la mejor educación. En la mesa sus modales eran exquisitos. La había visto en el Kozy Kampuis Korner comiendo la especialidad de la casa -un sándwich que consistía en trozos de carne asada, salsa, nueces picadas y un cucharón de chucrut- sin ni siquiera humedecerse los dedos.
Inteligente no era. De hecho, se orientaba en la dirección opuesta. Pero yo creía que bajo mi guía ella se despertaría. En todo caso, valía la pena hacer un intento. Después de todo, es más fácil hacer inteligente a una hermosa niña tonta que hacer hermosa a una inteligente niña fea.
– “Petey”, le dije, “¿estás enamorado de Polly Espy?”.
– “Pienso que es una chica perspicaz”, contestó, “pero no sé si llamarlo amor. ¿Por qué?”.
– “¿Tienes”, le pregunté, “algún tipo de arreglo formal con ella? Me refiero a sí estás ennoviando con ella o algo por el estilo.”
– “No. Nos vemos bastante, pero ambos tenemos otras citas. ¿Por qué?”
– “¿Existe”, pregunté, “algún otro hombre por el cual ella siente algún cariño en particular?”
– “No que yo sepa. ¿Por qué?”.
Asentí con satisfacción. “En otras palabras, si tú estuvieras fuera del cuadro, el campo estaría libre. ¿No es así?”
– “Supongo que sí. ¿Qué estas tramando?”
– “Nada, nada”, dije inocentemente, y saqué mi valija del ropero.
– “¿Dónde vas?” preguntó Petey.
– “A casa por el fin de semana”. Puse unas pocas cosas dentro de la valija.
– “Escucha”, me dijo, tomándome del brazo con entusiasmo, “mientras estás en tu casa, ¿no podrías conseguir algo de dinero de tu viejo, podrías, y prestármela para que yo pueda comprarme un abrigo de mapache?”
“Puedo hacer algo mejor que eso”, dije haciéndole un misterioso guiño y cerré mi valija y me fui.
Capítulo II
“¡Mira!” le dije a Petey cuando volví el lunes en la mañana. Abrí de golpe la valija dejando ver el grande, peludo y deportivo objeto que mi padre había usado en su Stutz Bearcat en 1925.
– “¡Santo Toledo!”, dijo Petey reverentemente. Hundió sus manos en el abrigo de mapache y luego hundió su cara. “¡Santo Toledo!” repitió quince o veinte veces.
– “¿Te gustaría?”, le pregunté.
– “¡Oh sí!” gritó, apretando la grasienta piel contra su cuerpo. Luego una mirada prudente apareció en sus ojos: “¿qué quieres a cambio?”
-“A tu chica”, dije sin escatimar palabras.
– “¿Polly?” dijo en un horrorizado suspiro. “¿Quieres a Polly?”
– “Así es”.
Lanzó el abrigo lejos. “¡Jamás!”, dijo resueltamente.
Yo me encogí de hombros. “Okey, si no quieres estar en la onda, es asunto tuyo.”
Me senté en una silla y me hice el que leía un libro, pero con el rabillo del ojo me mantuve vigilante observando a Petey. Era un hombre destrozado. Primero miró el abrigo, con la expresión de un hambriento ante la vitrina de una pastelería. Después se dio vuelta y levantó la barbilla resueltamente. Luego, volvió a mirar el abrigo, aún con mayor deseo reflejado en su rostro. Luego se dio vuelta, pero no con tanta resolución esta vez. Finalmente, ya no dio vuelta la cara; se quedó mirando fijamente el abrigo, enloquecido por el deseo.
– “No es que yo estuviera enamorado de Polly”, dijo con voz ronca. “O que estuviera noviando con ella, o algo por el estilo”
– “Es cierto” murmuré.
– “¿Qué es Polly para mí o yo para ella?”.
– “Nada”, respondí.
– “Ha sido solo una relación casual –sólo unas pocas risas, eso es todo”
– “Pruébate el abrigo”, dije.
Aceptó. El abrigo sobresalía por arriba de sus orejas y caía hasta abajo, hasta la punta de sus zapatos. Se veía como una montaña de mapaches muertos. “Me queda estupendo”, dijo feliz.
Me levanté de mi silla. “¿Es un trato?”, pregunté, extendiéndole la mano.
Tragó saliva. “Es un trato”, dijo, apretando mi mano.
Capítulo 3
Tuve mi primera cita con Polly la tarde siguiente. Fue una especie de examen. Yo quería averiguar cuánto tendría que trabajar para lograr que su mente llegara al nivel que yo requería. Primero la llevé a comer. Fue una comida deli, dijo cuando salimos del restaurante. Después la llevé al cine. Fue una película sensa, dijo al salir del teatro. Y luego la llave a casa. Lo pase super, dijo al despedirse.
Volví a mi cuarto con el corazón apesadumbrado. Había subestimado gravemente la magnitud de mi tarea. La falta de información de esta niña era espeluznante y tampoco bastaría simplemente con proporcionarle información.
Primero había que enseñarle a pensar. Este parecía un proyecto de no escasas dimensiones, y al principio estuve tentado de devolvérsela a Petey. Pero luego empecé a pensar en sus abundantes encantos físicos y en el modo como entraba a una habitación y el modo como manejaba el cuchillo y el tenedor, y decidí hacer un esfuerzo.
Procedí en esto, como en todas las cosas, sistemáticamente. Le di un curso de lógica.
Sucedía que, como estudiante de leyes, yo estaba tomando un curso de lógica, de modo que tenía todos los datos en la punta de mis dedos.
– Polly, le dije, cuando la pasé a buscar en nuestra siguiente cita, esta noche iremos a caminar y conversaremos.
– Oh, ¡fantástico! dijo. Una cosa debo decir de esta niña, es difícil encontrar otra tan fácil de agradar.
Nos fuimos al parque, el lugar de citas del Campus y nos sentamos bajo un añoso roble. Ella me miró expectante y preguntó: ¿De qué vamos a conversar?
– De lógica.
Lo pensó por un momento y decidió que le agradaba.
– Sensa, dijo.
– La lógica, dije yo, aclarando mi garganta, es la ciencia del pensamiento. Antes de que podamos pensar correctamente, debemos aprender primero a reconocer las falacias más comunes de la lógica. Nos ocuparemos de ellas esta noche.
– ¡Bravo! gritó aplaudiendo con anticipado placer.
Yo sentí encogérseme el corazón, pero continúe valientemente.
– Primero, dije, examinemos la falacia Dicto Simpliciter (en latin quiere decir: instancia falsa)
.– ¡De todos modos! rogó Polly batiendo sus pestañas con entusiasmo.
– Dicto Simpliciter es un argumento basado en una generalización no limitada.
Por ejemplo: El ejercicio es bueno. Por lo tanto, todos deberían hacer ejercicio.
– Estoy de acuerdo, dijo Polly con entusiasmo. Me refiero a que el ejercicio es maravilloso. Quiero decir que mantiene el cuerpo en forma y todo.
– Polly, le dije amablemente, el argumento es una falacia. El ejercicio es
bueno, es una generalización no limitada. Por ejemplo, si sufres de una
enfermedad al corazón, el ejercicio es malo para ti, no bueno. A muchas
personas sus médicos les ordenan no hacer ejercicios. Es necesario limitar la generalización diciendo que el ejercicio es generalmente bueno, o que el ejercicio es bueno para la mayoría de la gente. De lo contrario, estarás
cometiendo Dicto Simpliciter. ¿Te das cuenta?
– No, confesó. Pero es súper. ¡Has más! ¡Has más!
– Sería mejor si dejaras de tironearme la manga, dije y cuando desistió continué.
– A continuación, tomemos la falacia llamada Generalización Apresurada. Escucha atentamente: Tú no sabes hablar francés. Yo no sé hablar francés.
Petey Bellows no sabe hablar francés. Por lo tanto, debo concluir que nadie en la Universidad de Minnesota sabe hablar francés.
– ¿De veras? dijo Polly, incrédula. ¿Nadie?
Oculté mi desesperación. Polly, es una falacia. La conclusión se alcanza demasiado apresuradamente. Hay demasiado pocas instancias para apoyar tal conclusión.
– ¿Conoces más falacias? preguntó ansiosamente. ¡Esto es más entretenido que ir a bailar!
Luché con una ola de desesperación. No estaba llegando a ninguna parte con esta niña, absolutamente a ninguna parte. Sin embargo, si hay alguien persistente, ese soy yo. Así es que continúe: Ahora nos corresponde Post Hoc.
Escucha esto: No llevemos a Bill a nuestro picnic, cada vez que salimos con él, llueve.
– Conozco a alguien igual, exclamó. Es una chica de mí pueblo, Eula Becker se llama. Nunca falla. Cada vez que la llevamos a un picnic.
– ¡Polly! la interrumpí, cortante. Es una falacia. Eula Becker no es causa de que llueva. No tiene ninguna relación con la lluvia. Si le echas la culpa a Eula Becker, eres culpable de Post Hoc.
– No lo volveré a hacer, prometió contrita. ¿Estás enojado conmigo?
– No, Polly, no estoy enojado, suspiré.
– Entonces cuéntame más falacias.
– Bueno, dije, veamos Premisas Contradictorias.
– Sí, veámoslas, dijo, guiñando sus ojos con placer. Yo fruncí el entrecejo, pero seguí adelante. Aquí tienes un ejemplo de premisas contradictorias: Si Dios puede hacerlo todo, ¿puede hacer una piedra tan pesada que Él mismo no fuera capaz de levantarla?
– Por supuesto que sí, respondió.
– Pero si puede hacerlo todo, puede levantar la piedra, dije.
– Si, dijo pensativa. Bueno, entonces supongo que no puede levantar la piedra.
– Pero Él puede hacerlo todo, le recordé. Se rascó su preciosa y vacía cabeza. Estoy tan confundida, admitió.
– Por supuesto que lo estás. Porque cuando las premisas de un argumento son contradictorias entre sí, no puede haber argumento. Si existe una fuerza irresistible, entonces no puede existir un objeto inamovible. Si existe un objeto inamovible, entonces no puede existir una fuerza irresistible. ¿Entiendes?
– Cuéntame más de este tema tan agudo, dijo ansiosamente.
Consulté mi reloj. Pienso que basta por esta noche. Te llevaré a casa ahora y tú repasas todas las cosas que aprendiste. Tendremos otra sesión mañana por la noche.
La fui a dejar a los dormitorios de las niñas, donde me aseguró que había tenido una noche perfectamente tensa y me fui malhumorado a mi cuarto.
Petey estaba roncando en su cama con el abrigo de mapache arrollado a sus pies como una gran bestia peluda. Por un momento consideré la posibilidad de despertarlo y decirle que podía tener a su chica de vuelta. Me parecía evidente que mi proyecto estaba fatalmente destinado al fracaso. La chica simplemente tenía una cabeza a prueba de lógica.
Pero después lo reconsideré. Ya había perdido una noche. Podría perder otra.
¿Quién sabe? a lo mejor, en alguna parte, en el extinto cráter de su cabeza algunas pocas brasas aún ardían en silencio. Tal vez, de alguna manera yo podía hacerles salir llamas. Admito que no era un prospecto forjado con esperanza, pero decidí hacer un último intento.
CAPITULO 4
Sentados bajo el roble, al día siguiente, le dije: Nuestra primera falacia de esta noche se llama Ad Misericordiam. Ella tembló de gusto. – Escucha atentamente, dije, Un hombre solicita un trabajo. Cuando el patrón le pregunta cuáles son sus méritos, replica que tiene esposa y seis hijos en casa, que la esposa es inválida sin remedio, los niños no tienen que comer, ni que ropa ponerse, ni zapatos en sus pies. No hay camas en la casa, ni carbón en la despensa y el invierno está llegando.
Una lágrima rodó por cada una de las rosadas mejillas de Polly. – ¡Oh! esto es terrible, terrible, gimoteó. – Sí, es terrible, acepté, pero no es un argumento. El hombre nunca respondió la pregunta del patrón sobre sus méritos. En vez de eso apeló a la piedad del patrón. Cometió la falacia Ad Misericordiam, ¿comprendes? – ¿Tienes un pañuelo? dijo entre sollozos. Yo le alargué un pañuelo y traté de evitar gritar, mientras ella se enjugaba los ojos.
Ahora, dije, en un tono cuidadosamente calculado, discutiremos la Falsa Analogía. He aquí un ejemplo: A los estudiantes se les debería permitir consultar sus textos de estudio durante los exámenes. Después de todo, los cirujanos tienen rayos x para guiarlos durante una operación, los abogados tienen escritos para guiarlos durante un juicio y los carpinteros tienen planos para guiarlos cuando construyen una casa. Entonces, ¿por qué los estudiantes no pueden mirar sus textos durante los exámenes?
– ¡Fantástico! dijo con entusiasmo. Es la idea más sensa que he escuchado en años. – Polly, le dije exhausto, el argumento está completamente malo. Los doctores, los abogados y los carpinteros no están dando exámenes para probar cuanto han aprendido, pero los estudiantes sí. Las situaciones son completamente diferentes y no puedes establecer una analogía entre ellas.
– De todos modos, creo que es una buena idea, dijo Polly. – Tonterías, murmuré. Pero, resueltamente continué avanzando.
Ahora examinaremos la Hipótesis Contraria a los Hechos. – Suena exquisita, respondió Polly. – Escucha: Si Madame Curie no hubiera dejado por casualidad una placa fotográfica en un cajón junto a un trozo de pecblenda, el mundo actual no conocería el radio. – Verdad, verdad, exclamó Polly, asintiendo con la cabeza. ¿Viste la película? me fascinó. Ese Walter Pidgeon es un sueño. Quiero decir que me trastorna. – Si te puedes olvidar del señor Pidgeon por un momento, dije con frialdad, me gustaría hacerte notar que esa afirmación es una falacia. Tal vez Madame Curie habría descubierto el radio en una fecha posterior o tal vez otra persona lo habría descubierto. Un montón de cosas podrían haber pasado, tal vez. No puedes empezar con una hipótesis que no es verdadera y luego deducir alguna conclusión que sea sostenible a partir de ella. – Deberían hacer más películas con Walter Pigdeon, dijo Polly. Ya casi no lo puedo ver nunca. Una oportunidad más, decidí. Pero sería la última. Hay un límite para la resistencia humana.
La próxima falacia se llama Envenenar el Pozo, anuncié. – ¡Qué amor! gorjeó. – Dos hombres están participando en un debate. El primero se levanta y dice: Mi opositor es un conocido mentiroso. Ustedes no pueden creer una sola palabra de lo que va a decir... Ahora Polly, piensa. Piensa bien. ¿Qué está mal? La observé con atención mientras su linda frente se arrugaba en un esfuerzo de concentración.
De pronto un leve resplandor de inteligencia -el primero que yo veíase asomó a sus ojos. ¡No es justo! exclamó con indignación. No es justo en lo más mínimo. ¡Qué oportunidad tiene el segundo hombre si el primero lo llama mentiroso incluso antes de que empiece a hablar? – ¡Correcto! grité, saltando de felicidad. Cien por ciento correcto. No es justo. El primero ha envenenado el pozo antes que cualquier persona pudiera beber de él. Ha imposibilitado la defensa de su oponente antes que se haya podido siquiera empezar.
Polly estoy orgulloso de ti. – Mm..., murmuró, enrojeciendo de placer. Ya ves querida que estas cosas no son tan difíciles. Todo lo que tienes que hacer es concentrarte. Pensar, examinar, evaluar. Veamos, revisemos todo lo que hemos aprendido. – Estoy lista, dijo ella, haciendo un grácil movimiento en el aire con su mano invitándome a disparar. Fortalecido al constatar que Polly no era totalmente estúpida, empecé un largo y paciente repaso de todo lo que le había enseñado. Una y otra, y otra vez, le cité las 9 falacias, le indiqué las fallas, martillando sin descanso. Era como cavar un túnel. Al principio, todo era trabajo, sudor y oscuridad. No tenía idea de cuándo alcanzaría la luz, o siquiera si la alcanzaría.
Pero yo persistía. Machacaba, arañaba, raspaba y finalmente fui recompensado. Vi una grieta de luz que luego se hizo más grande y el sol se derramó por ella haciendo brillar todo. Cinco agotadoras noches tomó este trabajo, pero valió la pena. Había logrado convertir a Polly en una persona lógica, le había enseñado a pensar. Mi trabajo había terminado. Por fin ella era digna de mí. Ahora ella era una esposa adecuada para mí, la anfitriona adecuada para mis muchas mansiones, la perfecta madre para mis acaudalados hijos.
CAPÍTULO 5
No se debe pensar que yo no sentía amor por esta niña. Muy por el contrario. Tal como Pigmalión amaba a la mujer perfecta que había modelado, así amaba yo a la mía. Y decidí darle a conocer mis sentimientos en nuestro próximo encuentro. Había llegado el momento de cambiar nuestra relación de académica a romántica.
– Polly, le dije la próxima vez qué nos sentamos bajo nuestro roble, esta noche no vamos a hablar de falacias. – ¡Qué pena! dijo ella, desilusionada. – Querida, le dije, obsequiándole mi mejor sonrisa, ya hemos pasado juntos cinco noches. Nos hemos llevado espléndidamente bien. Es evidente que estamos hechos el uno para el otro.
– Generalización Apresurada, exclamó ella. ¿Cómo puedes afirmar que estamos hechos el uno para el otro sobre la base de sólo cinco citas? Reí para mis adentros con placer. La querida niña había aprendido bien su lección.
Querida, dije, acariciando su mano con pequeños golpecitos tolerantes, cinco citas es más que suficiente. Después de todo, no es necesario comerse la torta entera para saber que está buena. – Falsa Analogía, respondió Polly prontamente. Yo no soy una torta, soy una niña. Sonreí para mis adentros con un poco menos de placer. La querida niña había aprendido su lección tal vez demasiado bien.
Entonces decidí cambiar la táctica. Obviamente el mejor abordaje era una simple, firme y directa declaración de amor. Me detuve un momento mientras mi potente cerebro elegía las palabras adecuadas. Entonces comencé: – Polly, te amo. Tú representas todo el mundo para mí, y la luna y las estrellas y todas las constelaciones del espacio exterior. Por favor, querida mía, di que aceptarás ser mi novia. Si no lo haces, mi vida carecerá de sentido. Languideceré, me rehusaré a comer y vagaré por la faz de la tierra como un viejo casco de barco tambaleante y con ojos vacíos. Listo, pensé, cruzando mis brazos. Esto debería lograrlo.
– Ad Misericordiam, dijo Polly. Rechiné los dientes, yo no era Pigmaleón, sino Frankestein. Había creado un monstruo y este me tenía agarrado del cuello. Desesperadamente luché contra la ola de pánico que me inundaba. A toda costa tenía que mantener la calma. – Bien Polly, dije, esforzándome por sonreír, realmente aprendiste tus falacias. – ¡Por supuesto que sí! Dijo, con un vigoroso movimiento de cabeza.
– ¿Y quién te las enseñó, Polly? – Tú fuiste. – Correcto. Por lo tanto, me debes algo, ¿no es cierto, querida? Si yo no hubiera aparecido, tú nunca habrías aprendido nada acerca de las falacias. – Hipótesis Contraria a los Hechos, replicó Polly al instante.
Sacudí con violencia el sudor de mi frente. – Polly, gruñí, no debes tomar estas cosas tan literalmente. Quiero decir que esto es sólo materia de clases y tú sabes que las cosas que se aprenden en la escuela no tienen nada que ver con la vida.
– Dicto Simpliciter, dijo ella, levantando burlonamente su dedo hacia mí. Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Me puse de pie de un salto bufando como un toro. – Respóndeme de una vez. ¿Serás mi novia o no? – No. – ¿Por qué no? –
Porque esta tarde le prometí a Petey Bellows que sería su novia. Caí hacia atrás abrumado por la infamia de Petey. Después que me prometió, que hizo un trato conmigo, que me dio la mano. ¡Qué rata! chillé pateando el pasto. No puedes irte con él, Polly. Es un mentiroso. Un tramposo. Es una rata.
– Envenenar el Pozo, dijo Polly. Y deja de gritar. Creo que gritar debe ser una falacia también. Con un enorme esfuerzo de voluntad modulé mi voz y dije: Muy bien. Eres una persona lógica. Miremos las cosas lógicamente. ¿Cómo pudiste escoger a Petey Bellows en lugar de escogerme a mí? Mírame: Soy un estudiante brillante, un gran intelectual, un hombre con el futuro asegurado. Mira a Petey: Una cabeza confusa, un atado de nervios, un tipo que nunca sabrá de donde obtendrá su próxima comida. ¿Podrías darme una razón lógica por la cual deberías convertirte en la novia de Petey Bellows? – Por supuesto que puedo, dijo Polly. Tiene un abrigo de mapache.
FIN

