GRADO 9° LENGUA CASTELLANA

BIENVENIDOS A NUESTRAS CLASES DE LENGUA CASTELLANA 2026 

GRADOS  9°

SEMANA 1 y 2  


TEMA:  Organización y pautas de evaluación
PROPÓSITO: Determinar las pautas de trabajo  para el año escolar
ACTIVIDAD: Pautas de trabajo.
Organización de listas. 
Presentación de docentes 
Aclaración de diferentes dudas frente al trabajo académico del año 2026
Introducción a la lectura: Relevancia y comprensión de textos



SEMANA 3 - 4   


TEMA:  El protocolo como texto académico
PROPÓSITO: Identificar la relevancia del protocolo en la incidencia de la lectura y la escritura
ACTIVIDAD: Desarrollo de la temática
Socialización
Pautas de elaboración
Lectura de protocolos
Aclaración de dudas

 DESARROLLO DE LA TEMÁTICA


EL PROTOCOLO ACADÉMICO COMO ESTRATEGIA DE APRENDIZAJE

 Un  protocolo  es  una  síntesis  que  ordena  y  jerarquiza  los  puntos  más  relevantes tratados  durante  un  evento  académico  (curso,  seminario,  taller).  Es,  en  primer  lugar,

una descripción objetiva de los temas, hechos o sucesos acaecidos durante la sesión o reunión  y,  en  segundo  lugar,  un  texto  escrito  de  registro  que  describe,  de  manera precisa,  el  desarrollo  de  los  aspectos  fundamentales  de  un  trabajo  realizado.  

Un protocolo  es  más  que  un  acta,  es  decir,  va  más  allá  de  recapitular  de  manera cronológica y puntual cada uno de los sucesos ocurridos en un evento o reunión.

 Un  protocolo  tampoco  es  un  simple  resumen;  no  se  limita  a  presentar  una  síntesis global  de  un  tema  genérico.  De  igual  manera,  el  protocolo   no  es  un  ensayo  crítico sobre un determinado proceso de trabajo. Menos todavía, un protocolo consiste en una compilación  de  opiniones  sueltas,  expuestas  a  lo  largo  de  una  sesión,  encuentro  o seminario.

El protocolo, como instrumento de trabajo y seguimiento de un proceso, es importante porque permite, entre otras cosas:

a. Convertir las opiniones sueltas en enunciados con sentido.

b.  Enterar  a  las  personas  ausente  de  un  trabajo  desarrollado  durante  algún  tipo  de sesión.

c.  Concentrar  la  atención  de  los  participantes  hacia  los  temas  prioritarios  de  una exposición, a la vez que dirigirla de manera consciente.

d.  Reforzar  el  proceso  de  enseñanza  –  aprendizaje  en  tanto  la  reconstrucción  de  un proceso permite fijar con mayor fuerza campos de información.

e.  Contar  con  una  descripción  narrada  de  primera  mano  que  posibilita  construir  la memoria de un proceso  y, al  mismo tiempo  registrar  las  decisiones fundamentales que se tomen en el curso de la discusión

f.  Conocer  las  distintas  formas  y  maneras  como  los  participantes  de  un  evento interpretan  la  experiencia,  resaltando  determinados  hechos  o  enfatizando  algunos puntos.

g. Identificar aquellos temas en los cuales el grupo logró una adecuada o inadecuada asimilación de los contenidos. De la misma manera, detectar cuáles temas, que eran  importantes, pasaron desapercibidos por el grupo, o los vacíos que deben cubrirse en posteriores  oportunidades.   finalmente,  evidenciar  las  zonas  de consenso  en torno a decisiones, asuntos o problemas.

Se puede utilizar cualquier estilo de redacción, pero insistiendo en la claridad, precisión y sencillez. Puede ayudarse de diagramas o esquemas aclaratorios.

 Por su valor de registro, el protocolo debe tener una estructura lo suficientemente ágil y concreta  como  para  que  cualquier  lector  pueda  enterarse,  sin  gran  dificultad,  de  lo ocurrido  durante  el  evento  que  se  describe  narrativamente.  

Por  lo  mismo,  es recomendable que un protocolo contenga las siguientes partes:

a. Una identificación de la situación: lugar geográfico, fecha, hora, objetivo o motivo del evento, participantes, duración, momentos de la sesión, etc.

 b. Descripción de las actividades: si se hizo mediante una exposición o en trabajo en grupo, si fue utilizando un taller o una plenaria, o un grupo focal o una dinámica de  observación, etc.

 c. Temas tratados en orden de importancia: cuáles fueron las columnas vertebrales de la discusión, cuáles las líneas – fuerza que soportaron el desarrollo del evento. Aquí es  donde  el  trabajo  de  escritura  es  de  suma  importancia,  pues  no  se  trata  de enumerar los temas, sino de desarrollarlos narrativamente.

d.  Decisiones  o  acuerdos  fundamentales  a  que  se  llegaron:  pueden  referirse  al inmediato o largo plazo, pueden haber surgido durante el desarrollo del evento y no siempre  al  final;  pueden  no  haberse  evidenciado  como  decisiones  de  manera explícita por lo cual, hay que inferirlas.

 e.  Tareas  asignadas,  compromisos  establecidos,  responsables:  es  el  puente  de conexión  entre  uno  y  otro  evento  o  entre  sesiones.  Pueden  consistir  en:  lecturas asignadas, trabajos por realizar, ejercicios formales y no formalizados, productos de diversa índole, etc. Es la clave registrar la importancia de la tarea dentro del proceso, y si hay responsables directos o si es una responsabilidad grupal.

De los protocolos académicos se aprenden dos cuestiones fundamentales. 

 Primero,  se  aprende  a  discutir,  a  distinguir  entre  la  mera  opinión  y el  real  aporte.  Se comprende  que  una    intervención  sólo  constituye  un  aporte  real   una    discusión  si beneficia a todos y si aumenta el  conocimiento de todos sobre un tema. Muchas veces pensamos que lo importante en una discusión  es  opinar; después de haber intentado protocolar  discusiones  convertidas  en  “simples  discusiones”  aprendemos  que  lo importante es aportar y construir en colectivo, respetando la diferencia.

 Segundo, se aprende a resumir una discusión, resaltando el avance del conocimiento  grupal  acerca  de  un  cierto  tema.  Esto  significa  que  se  aprende  a  escuchar atentamente, buscando lo que une a todos los participantes en la discusión, incluso a través de sus divergencias. Se aprende a ir más allá de las intervenciones individuales  y a reconocer los caminos de la discusión, los puntos de partida, las ramificaciones y los puntos de llegada. 

 PARTES DEL PROTOCOLO

CABECERA  DEL  PROTOCOLO:  Evento  (organizador),  Fecha,  Lugar  y  Duración. Número de protocolo.

DESARROLLO DEL TEMA: temas vistos, aportes importantes, socializaciones relevantes, actividades realizadas. Conclusiones…

COMPROMISOS: Si hay tareas asignadas y quiénes son los responsables.

FIN  DEL  PROTOCOLO:  Firma  del  autor  del  Protocolo  Función  del  protocolo  en  el ámbito del  aprendizaje.

El  protocolo es  el momento de  explicitar los procesos, es  una oportunidad  de  hacer  sugerencias  sobre  el  contenido.  Ese  proceso  que  sensibilizó  a  alguien, se expresa.

Es un punto de partida, uno  de  esos  criterios  es  el  de  selectividad,  consignamos eventos,  experiencias,  pensamientos  que  son  significativos   que  tienen  una importancia especial.

Esa  selección  de  lo  que  es  más  importante,  no  es  arbitraria,  tiene  que  tener  alguna justificación. Por ejemplo, al momento de determinar la temática de la sesión, se debe  recurrir  al  criterio  de la  selección.  Allí  se  dicen  cosas  que  parecen interesantes,  pero que son comentarios al margen del propósito general de la reunión, porque se desvió la conversación  hacia  ese  lado,  porque  alguien  quiso  hacer  un  paréntesis   porque ocurrió  algo  insólito  que  de  golpe  nos  hizo  pensar  eso,  aunque  no  fuera  lo  más relacionado con el tema.

 Otro criterio  está  relacionado con  lo  personal como  sujeto  participante en  el  proceso.

Por  ejemplo,  para  alguien  fue  muy  interesante  una  lectura,  sus  características  y temáticas, esto lo recogería en su protocolo. Pero para otra persona, lo importante fue el  procedimiento  del  trabajo  en  grupo,  ya  que  arrojó  más  luces   hizo  que  el aprendizaje tuviera más significado. Esta no significa que cuando se hace un protocolo, se tenga  libertad para  poner allí lo  que se le  ocurra  al  protocolando, pero  sí  se  tiene una cierta libertad para dar una versión de los hechos y que en el momento de ponerse en común, se puede complementar con lo que se agregue.

 Entonces  cuando  volvemos  a  leer  el  protocolo,  podemos  encontrar  momentos  que pueden volver a tener un valor significativo, en términos conceptuales e investigativos.

Esa es la naturaleza de los protocolos.

TEMA:  Los niveles de comprensión lectora

                
PROPÓSITO: Identificar el nivel de comprensión lectora que posee y aplicar estrategias  que le permitan avanzar en su modo de leer.

 DESARROLLO DE LA TEMÁTICA





Los niveles de comprensión lectora son literal, inferencial y críticoEstos niveles se desarrollan a través de la interacción activa entre el lector y el texto. 
Nivel literal 
  • Consiste en entender lo que el texto dice de manera explícita
Nivel inferencial
  • Consiste en comprender a partir de indicios que proporciona el texto 
  • Requiere un alto grado de abstracción por parte del lector 
  • Se construyen inferencias cuando se comprende por medio de relaciones y asociaciones el significado del texto 

  • Nivel crítico

  • Consiste en evaluar el texto, ya sea su tema, personaje, mensaje, etc. Se evalúa críticamente el texto
Para desarrollar la comprensión lectora, se pueden activar diferentes estrategias cognitivas en cada nivel. Por ejemplo, se pueden formular preguntas, analizar el contenido y estructura del texto, y evaluar críticamente el texto. 
La comprensión lectora es un proceso de construcción de significado personal del texto. 

Cuerpo y alma

[Cuento - Texto completo.]

Gibrán Jalil Gibrán

Un hombre y una mujer se sentaron junto a una ventana abierta a la primavera. Se sentaron uno junto al otro. Y la mujer dijo:

-Te amo. Eres bello y rico, y estás siempre bien ataviado.

Y el hombre dijo:

-Te amo. Eres un bello pensamiento, algo demasiado etéreo para sostenerlo en la mano, y una canción en mis sueños.

Mas, la mujer se levantó con furia y replicó:

-Señor, por favor déjame ya. No soy un pensamiento ni una cosa que pasa por tus sueños. Soy una mujer. Preferiría que me desearas como esposa y madre de niños no nacidos aún.

Y se separaron.

Y el hombre hablaba en su corazón: “He aquí otro sueño que se convierte en humo”.

Y la mujer decía: “Bien. ¿Y qué decir de un hombre que se convierte en humo y sueños?”


SEMANA 4 - 5
TEMA: La lectura inferencial

¿Qué es la lectura inferencial?

La lectura inferencial es aquella que va más allá del sentido literal de un texto, colocándola en contexto con otras obras y con su tiempo histórico, deduciendo elementos como la intención del autor, ideas y pensamiento que se desprenden de la lectura, influencias previas y posteriores, etc.

Un lector competente es capaz de realizar inferencias en un texto leído. Inferir es leer entre líneas, extraer una información no explícita en el texto, pero que quizá, el escritor o escritora intenta transmitir. Trabajar las inferencias desde muy temprana edad ayuda a los niños y a las niñas a realizarlas en un futuro de forma autónoma. Aunque hay que tener en cuenta que un niño/a que tenga mala comprensión literal, tendrá una mayor dificultad para inferir la información oculta en un texto, por ello es importante no dejar de lado este nivel de comprensión.
Un lector que infiere es capaz de:

  • Hallar las pistas o claves significativas.
  • Encontrar más de una interpretación o significado en todo aquello que lean.
  • Localizar datos o ideas que el escritor o escritora pretenden transmitir.
  • Utilizar esta estrategia en cualquier texto.

Las inferencias se pueden trabajar a través de textos escogidos para ello, pero también podemos hacer prácticas exclusivas para que los niños aprendan a buscar las pistas o simplemente a fijarse en estas, para detectarlas.

En este nivel el estudiante responde preguntas como:

  • ¿Por qué ocurrió algo?

  • ¿Qué quiso decir el autor?

  • ¿Qué pasará después?

  • ¿Qué se puede deducir de una situación?


Importancia de la lectura inferencial

La lectura inferencial es importante porque:

  1. Permite comprender el sentido profundo del texto, no solo lo que dice literalmente.

  2. Desarrolla el pensamiento crítico y analítico en los estudiantes.

  3. Ayuda a interpretar intenciones, emociones y causas dentro de una historia.

  4. Fortalece la capacidad de hacer hipótesis y conclusiones.

  5. Es una habilidad clave en evaluaciones como las pruebas de comprensión lectora y las evaluaciones escolares.

SEMANA 6

Lectura Inferencial

PISTAS: Resuelve el Enigma policíaco



a) Eres un detective, lo primero que debes hacer es leer detenidamente el texto “Enigma policíaco”,
determina signos (elementos que comunican sentidos: huellas, ruidos, pisadas, acciones...) haz
relaciones.
b) Busca en el texto una regla o ley general (una verdad) que te dé paso a la elaboración de una hipótesis.
c) Elabora la hipótesis o inferencia explicativa.
d) Escribe tu conclusión con base en los hallazgos

ENIGMA POLICÍACO

Todo empezó varios años antes cuando Rosalía de Barrios había perdido en un accidente a su hermana gemela. Con ella había compartido sus juegos en la infancia y sus pequeños problemas de la juventud.

El suceso la había trastornado. Se diría que poco a poco, a medida que iba perdiendo la razón, había vuelto a sus años infantiles y sin que nadie se atreviera a evitarlo, desempolvó del cuarto de San Alejo el viejo baúl donde guardaba sus muñecas de trapo. También había retrocedido a su afición de niña de esconderse en los armarios. 

Su médico aconsejaba recluirla en un hospital, pero su esposo Antonio Barrios, así como su poderosa familia se negaban, tratando de quitar importancia al problema, ya que podía crearles una situación ingrata entre sus amistades. En sus escasos momentos de lucidez, Rosalía escribía frases coherentes que permitían ver un punto de luz en la oscuridad de su cerebro.
Aquel día había pasado la tarde sola.

Un día al llegar Antonio acompañado de Francisco Bermúdez, un amigo íntimo de la familia, ambos encontraron en el suelo del vestíbulo, un sobre que contenía una nota. En ella, Rosalía anunciaba que había partido hacia un largo viaje sin retorno.
Antonio, en compañía de su amigo, subió inmediatamente a la planta superior y comenzó a registrar todos los armarios. Fue en el de un cuarto de invitados que apenas se utilizaba, al fondo del pasillo, donde la encontraron.

Un giro de la llave dejó ver en el interior del armario el cadáver de Rosalía. Había ingerido una fuerte dosis de un medicamento y se había introducido allí con una de sus muñecas.
Avisaron a la policía, que se encargó de llevar a cabo las oportunas diligencias.
El inspector interrogó al esposo y a Francisco Bermúdez. Antonio explicó que su esposa tenía algunos momentos de lucidez y que evidentemente conocía su estado. El inspector observó la vieja casita de muñecas de Rosalía, allí estaban sus antiguos compañeros y todo cuanto recordara su niñez.

Cada cosa ordenada en su sitio, tal y como le gustaba a su hermana gemela.
La casita fue encontrada en el dormitorio principal.

Cinco días más tarde, Francisco se encontraba sentado frente a su amigo. Estuvo observándole atentamente durante varios minutos y de pronto, preguntó: ¿por qué la mataste
Antonio? Porque yo sé que ha sido así.

Fragmento tomado de: Conan Doyle, Arthur. Las aventuras de Sherlock Holmes.
Ahora como detective, resuelve el enigma. No descartes ningún elemento, mira detenidamente cada detalle, acción, espacio y personajes


TALLER COMPENSATORIO PARO

Lengua Castellana – Grado 9°

Comprensión de lectura – Tema:  Texto argumentativo

Realiza la lectura del texto y responde las preguntas, el trabajo se entreqa en hojas de block sin rayas, escrito a mano  y bien presentado.

Lectura: El impacto de la tecnología en la educación



La tecnología ha transformado profundamente la manera en que las personas aprenden y enseñan. Hace algunas décadas, la educación dependía casi exclusivamente de libros impresos, cuadernos y clases presenciales. Hoy en día, los estudiantes tienen acceso a una enorme cantidad de información a través de internet, plataformas virtuales y herramientas digitales.

Uno de los cambios más importantes es el acceso inmediato al conocimiento. Antes, para investigar un tema era necesario acudir a bibliotecas o consultar enciclopedias. Actualmente, un estudiante puede encontrar artículos, videos, cursos y documentos en cuestión de segundos.

Sin embargo, este acceso también implica nuevos desafíos. No toda la información que se encuentra en internet es confiable. Por esta razón, es fundamental que los estudiantes desarrollen habilidades de pensamiento crítico que les permitan analizar las fuentes y verificar la veracidad de los datos.

Otra ventaja de la tecnología es la posibilidad de aprender de manera interactiva. Existen aplicaciones educativas, simuladores y plataformas que permiten realizar experimentos virtuales, resolver ejercicios o participar en clases en línea.

Durante la pandemia de COVID-19, muchas instituciones educativas tuvieron que adaptarse rápidamente a la educación virtual. Esto demostró que la tecnología puede ser una herramienta fundamental para garantizar la continuidad del aprendizaje en situaciones difíciles.

No obstante, también se evidenciaron problemas como la desigualdad en el acceso a dispositivos electrónicos y conexión a internet. Muchos estudiantes en diferentes regiones del mundo no pudieron continuar sus estudios de manera adecuada debido a la falta de recursos tecnológicos.

Por esta razón, expertos en educación señalan que la tecnología debe utilizarse como una herramienta complementaria y no como un reemplazo total de la enseñanza presencial. El papel del docente sigue siendo fundamental para orientar, explicar y acompañar el proceso de aprendizaje.

Además, la tecnología puede fomentar nuevas formas de colaboración entre estudiantes. A través de plataformas digitales es posible trabajar en proyectos grupales, compartir documentos y comunicarse con compañeros y profesores en tiempo real.

En conclusión, la tecnología representa una gran oportunidad para mejorar la educación, pero también plantea retos importantes. El desafío actual consiste en utilizarla de manera responsable, crítica y equilibrada para aprovechar sus beneficios sin perder los aspectos humanos del aprendizaje.

Preguntas

Nivel literal

  1. ¿Cómo era la educación hace algunas décadas?
  2. ¿Qué herramienta permite acceder rápidamente a información hoy?
  3. ¿Qué ocurrió con la educación durante la pandemia?
  4. ¿Qué problema enfrentaron muchos estudiantes durante la educación virtual?
  5. ¿Qué papel siguen teniendo los docentes?

Nivel inferencial

  1. ¿Por qué es importante desarrollar pensamiento crítico al usar internet?
  2. ¿Cómo puede la tecnología mejorar el aprendizaje?
  3. ¿Qué consecuencias tiene la desigualdad tecnológica?
  4. ¿Por qué la tecnología no debe reemplazar totalmente al docente?
  5. ¿Qué ventajas tiene el trabajo colaborativo en línea?

Nivel crítico e intertextual

  1. ¿Crees que la tecnología mejora realmente la educación? Justifica.
  2. Relaciona este texto con tu experiencia como estudiante.
  3. ¿Qué riesgos puede tener el uso excesivo de tecnología?

  1. Elabora un cuadro comparativo

Educación tradicional

 

Educación con tecnología

 





 

 

 

 

 


 

 

  1. Realiza un esquema o mapa conceptual sobre el impacto de la tecnología en la educación.

 SEMANA 7 y 8


ESPUMA Y NADA MÁS    

Hernando Téllez   (Colombia, 1908- 1966)



     No saludó al entrar. Yo estaba repasando sobre una badana la mejor de mis navajas. Y cuando lo reconocí me puse a temblar. Pero él no se dio cuenta. Para disimular continué repasando la hoja. La probé luego sobre la yema del dedo gordo y volví a mirarla contra la luz. En ese instante se quitaba el cinturón ribeteado de balas de donde pendía la funda de la pistola. Lo colgó de uno de los clavos del ropero y encima colocó el kepis. Volvió completamente el cuerpo para hablarme y, deshaciendo el nudo de la corbata, me dijo: “Hace un calor de todos los demonios. Aféiteme”. Y se sentó en la silla. le calculé cuatro días de barba. Los cuatro días de la última excursión en busca de los nuestros. El rostro aparecía quemado, curtido por el sol. 

Me puse a preparar minuciosamente el jabón. Corté unas rebanadas de la pasta, dejándolas caer en el recipiente, mezclé un poco de agua tibia y con la brocha empecé a revolver. Pronto subió la espuma “Los muchachos de la tropa deben tener tanta barba como yo”. Seguí batiendo la espuma. “Pero nos fue bien, ¿sabe? Pescamos a los principales. Unos vienen muertos y otros todavía viven. Pero pronto estarán todos muertos”. “¿Cuántos cogieron?” pregunté. “Catorce. Tuvimos que internarnos bastante para dar con ellos. Pero ya la están pagando. Y no se salvará ni uno, ni uno”. Se echó para atrás en la silla al verme la brocha en la mano, rebosante de espuma Faltaba ponerle la sábana. Ciertamente yo estaba aturdido. Extraje del cajón una sábana y la anudé al cuello de mi cliente. Él no cesaba de hablar. Suponía que yo era uno de los partidarios del orden. “El pueblo habrá escarmentado con lo del otro día”, dijo. “Sí”, repuse mientras concluía de hacer el nudo sobre la oscura nuca, olorosa a sudor. “¿Estuvo bueno, verdad?” “Muy bueno”, contesté mientras regresaba a la brocha. 

El hombre cerró los ojos con un gesto de fatiga y esperó así la fresca caricia del jabón. Jamás lo había tenido tan cerca de mí. El día en que ordenó que el pueblo desfilara por el patio de la escuela para ver a los cuatro rebeldes allí colgados, me crucé con él un instante. Pero el espectáculo de los cuerpos mutilados me impedía fijarme en el rostro del hombre que lo dirigía todo y que ahora iba a tomar en mis manos. No era un rostro desagradable, ciertamente. Y la barba, envejeciéndolo un poco, no le caía mal. Se llamaba Torres. El capitán Torres. Un hombre con imaginación, porque ¿a quién se le había ocurrido antes colgar a los rebeldes desnudos y luego ensayar sobre determinados sitios del cuerpo una mutilación a bala? Empecé a extender la primera capa de jabón. El seguía con los ojos cerrados. “De buena gana me iría a dormir un poco”, dijo, “pero esta tarde hay mucho qué hacer”. Retiré la brocha y pregunté con aire falsamente desinteresado: “¿Fusilamiento?” “Algo por el estilo, pero más lento”, respondió. “¿Todos?” “No. Unos cuantos apenas”. 

Reanudé de nuevo la tarea de enjabonarle la barba. Otra vez me temblaban las manos. El hombre no podía darse cuenta de ello y ésa era mi ventaja. Pero yo hubiera querido que él no viniera. Probablemente muchos de los nuestros lo habrían visto entrar. Y el enemigo en la casa impone condiciones. Yo tendría que afeitar esa barba como cualquiera otra, con cuidado, con esmero, como la de un buen parroquiano, cuidando de que ni por un solo poro fuese a brotar una gota de sangre. Cuidando de que en los pequeños remolinos no se desviara la hoja. Cuidando de que la piel, quedara limpia, templada, pulida, y de que al pasar el dorso de mi mana por ella, sintiera la superficie sin un pelo. Sí. Yo era un revolucionario clandestino, pero era también un barbero de conciencia, orgulloso de la pulcritud en su oficio. Y esa barba de cuatro días se prestaba para una buena faena.

      Tomé la navaja, levanté en ángulo oblicuo las dos cachas, dejé libre la hoja y empecé la tarea, de una de las patillas hacia abajo. La hoja respondía a la perfección. El pelo se presentaba indócil y duro, no muy crecido, pero compacto. La piel iba apareciendo poco a poco. Sonaba la hoja con su ruido característico, y sobre ella crecían los grumos de jabón mezclados con trocitos de pelo. Hice una pausa para limpiarla, tomé la badana, de nuevo yo me puse a asentar el acero, porque soy un barbero que hace bien sus cosas. El hombre que había mantenido los ojos cerrados, los abrió, sacó una de las manos por encima de la sábana, se palpó la zona del rostro que empezaba a quedar libre de jabón, y me dijo: “Venga usted a las seis, esta tarde, a la Escuela”. “¿Lo mismo del otro día?”, le pregunté horrorizado. “Puede que resulte mejor”, respondió. “¿Qué piensa usted hacer?” “No sé todavía. Pero nos divertiremos”. Otra vez se echó hacia atrás y cerró los ojos. Yo me acerqué con la navaja en alto. “¿Piensa castigarlos a todos?”, aventuré tímidamente. “A todos”. El jabón se secaba sobre la cara. Debía apresurarme. Por el espejo, miré hacia la calle. Lo mismo de siempre: la tienda de víveres y en ella dos o tres compradores. Luego miré el reloj: las dos veinte de la tarde. La navaja seguía descendiendo. Ahora de la otra patilla hacia abajo. Una barba azul, cerrada. Debía dejársela crecer como algunos poetas o como algunos sacerdotes. Le quedaría bien. Muchos no lo reconocerían. Y mejor para él, pensé, mientras trataba de pulir suavemente todo el sector del cuello. Porque allí sí que debía manejar coro habilidad la hoja, pues el pelo, aunque es agraz, se enredaba en pequeños remolinos. Una barba crespa. Los poros podían abrirse, diminutos, y soltar su perla de sangre. 

Un buen barbero como yo finca su orgullo en que eso no ocurra a ningún cliente. Y éste era un cliente de calidad. ¿A cuántos de los nuestros había ordenado matar? ¿A cuántos de los nuestros había ordenado que los mutilaran? ... Mejor no pensarlo. Torres no sabía que yo era un enemigo. No lo sabía él ni lo sabían los demás. Se trataba de un secreto entre muy pocos, precisamente para que yo pudiese informar a los revolucionarios de lo que Torres estaba haciendo en el pueblo y de lo que proyectaba hacer cada vez que emprendía una excursión para cazar revolucionarios. Iba a ser, pues, muy difícil explicar que yo lo tuve entre mis manos y lo dejé ir tranquilamente, vivo y afeitado.

      La barba le había desaparecido casi completamente. Parecía más joven, con menos años de los que llevaba a cuestas cuando entró. Yo supongo que eso ocurre siempre con los hombres que entran y salen de las peluquerías. Bajo el golpe de mi navaja Torres rejuvenecía, sí; porque yo soy un buen barbero, el mejor de este pueblo, lo digo sin vanidad. Un poco más de jabón, aquí, bajo la barbilla, sobre la manzana, sobre esta gran vena. ¡Qué calor! Torres debe estar sudando como yo. Pero él no tiene miedo. Es un hombre sereno que ni siquiera piensa en lo que ha de hacer esta tarde con los prisioneros. En cambio yo, con esta navaja entre las manos, puliendo y puliendo esta piel, evitando que brote sangre de estos poros, cuidando todo golpe, no puedo pensar serenamente. Maldita la hora en que vino, porque yo soy un revolucionario pero no soy un asesino. Y tan fácil como resultaría matarlo.

 Y lo merece. ¿Lo merece? No, ¡qué diablos! Nadie merece que los demás hagan el sacrificio de convertirse en asesinos. ¿Qué se gana con ello? Pues nada. Vienen otros y otros y los primeros matan a los segundos y éstos a los terceros y siguen y siguen hasta que todo es un mar de sangre. Yo podría cortar este cuello, así, ¡zas! No le daría tiempo de quejarse y como tiene los ojos cerrados no vería ni el brillo de la navaja ni el brillo de mis ojos. Pero estoy temblando como un verdadero asesino. De ese cuello brotaría un chorro de sangre sobre la sábana, sobre la silla, sobre mis manos, sobre el suelo. Tendría que cerrar la puerta. Y la sangre seguiría corriendo por el piso, tibia, imborrable, incontenible, hasta la calle, como un pequeño arroyo escarlata. Estoy seguro de que un golpe fuerte, una honda incisión, le evitaría todo dolor. No sufriría. ¿Y qué hacer con el cuerpo? ¿Dónde ocultarlo? Yo tendría que huir, dejar estas cosas, refugiarme lejos, bien lejos. Pero me perseguirían hasta dar conmigo. “El asesino del Capitán Torres. Lo degolló mientras le afeitaba la barba. Una cobardía”. Y por otro lado: “El vengador de los nuestros. Un nombre para recordar (aquí mi nombre). Era el barbero del pueblo. Nadie sabía que él defendía nuestra causa...” ¿Y qué? ¿Asesino o héroe? Del filo de esta navaja depende mi destino. 

Puedo inclinar un poco más la mano, apoyar un poco más la hoja, y hundirla. La piel cederá como la seda, como el caucho, como la badana. No hay nada más tierno que la piel del hombre y la sangre siempre está ahí, lista a brotar. Una navaja como ésta no traiciona. Es la mejor de mis navajas. Pero yo no quiero ser un asesino, no señor. Usted vino para que yo lo afeitara. Y yo cumplo honradamente con mi trabajo... No quiero mancharme de sangre. De espuma y nada más. Usted es un verdugo y yo no soy más que un barbero. Y cada cual en su puesto. Eso es. Cada cual en su puesto.

      La barba había quedado limpía, pulida y templada. El hombre se incorporó para mirarse en el espejo. Se pasó las manos por la piel y la sintió fresca y nuevecita.

      “Gracias”, dijo. Se dirigió al ropero en busca del cinturón, de la pistola y del kepis. Yo debía estar muy pálido y sentía la camisa empapada. Torres concluyó de ajustar la hebilla, rectificó la posición de la pistola en la funda y, luego de alisarse maquinalmente los cabellos, se puso el kepis. Del bolsillo del pantalón extrajo unas monedas para pagarme el importe del servicio. Y empezó a caminar hacia la puerta. En el umbral se detuvo un segundo y volviéndose me dijo:

      “Me habían dicho que usted me mataría. Vine para comprobarlo. Pero matar no es fácil. Yo sé por qué se lo digo”. Y siguió calle abajo. 


TEMA: EL TEXTO NARRATIVO

¿Qué es un texto narrativo?


Un texto narrativo es aquel que relata una serie de hechos ocurridos a uno o varios personajes a través de un narrador (de ahí su nombre). Pueden ser de naturaleza ficticia o real. Por ejemplo, las novelas, cuentos o biografías.

Normalmente sigue una organización secuencial que consta de una introducción, un desarrollo y un final.

Y dependiendo de su duración, veracidad, cronología o presencia de elementos gráficos, un texto narrativo puede considerarse un cuento, novela, fábula, crónica, biografía o historieta.

Como hemos mencionado, el texto narrativo cuenta una historia (real o ficticia) a partir del punto de vista de un narrador, con unos personajes, espacio y tiempo determinados. Veamos los diferentes tipos de textos narrativos que existen: 


Tipos de textos narrativos


  • Cuento. Es una narración literaria corta y compuesta por pocos personajes. Cuenta con un único conflicto, que finalmente acaba con su desenlace.
  • Novela. Es una narración literaria de mayor extensión y desarrollo que el cuento. Las novelas tienen un conflicto principal, pero también varios conflictos secundarios que se desarrollan y resuelven a lo largo del relato. Además, cuentan con un mayor número de personajes. Suelen estar divididas en capítulos.
  • Historieta. Es una narración que combina texto con elementos gráficos. Suelen tener un personaje principal y varios secundarios. Se caracterizan por representar gráficamente aquello que está escrito.
  • Chiste. Es una narración breve que utiliza recursos o juegos de palabras con el objetivo de entretener o hacer reír al lector.
  • Diario de vida. Es una serie de relatos escritos por un autor en primera persona, que intenta expresar hechos o experiencias personales que desea registrar.
  • Biografía. Es un texto que busca narrar la vida de una persona. Generalmente, se escriben biografías sobre personajes que resultan significativos dentro de la sociedad, por lo que resulta interesante dar a conocer su vida. Si la biografía es escrita por la persona de la que se trata la historia, se denomina autobiografía.
  • Crónica. Es el relato cronológico de un acontecimiento. Los hechos se narran en el orden en que ocurrieron.
  • Mito y leyenda. Son narraciones que mezclan hechos realePers y sobrenaturales y que explican un hecho en particular. Si bien originalmente se transmitían en forma oral, algunos autores recopilaron mitos y leyendas en narraciones escritas.

Tipos de narradores según la persona gramatical

Hay distintos tipos de narradores según qué persona gramatical se utiliza más. En algunos textos, estos narradores se pueden combinar.

  • Narrador en primera persona (yo, nosotros). Se utiliza para narrar los hechos desde el punto de vista de un personaje, que puede ser o no protagonista. Es un narrador interno, porque forma parte de la historia contada.
  • Narrador en segunda persona (tú, usted, ustedes). Dirige su discurso al lector, a un personaje o a sí mismo. Algunos textos pueden estar enteramente narrados en segunda persona o pueden combinar esta persona con la primera o con la tercera. Este tipo de narrador es el menos utilizado en textos literarios, y apela a la empatía del lector.
  • Narrador en tercera persona (ella, él, ellas, ellos). Cuenta los hechos desde el punto de vista de una entidad que está por fuera de la historia. En algunos casos, este narrador puede tener una participación acotada en la trama.

Tipos de narradores según su conocimiento

Los narradores también se clasifican según el conocimiento o el nivel de cercanía que tienen sobre los hechos, los temas o los personajes y según cómo es su intervención en la trama.

  • Narrador protagonista. Es el personaje principal y utiliza la primera persona para relatar la historia. Por eso, los hechos se cuentan de manera subjetiva, es decir, se incluyen las opiniones, sentimientos e intenciones de este personaje, pero no se mencionan los pensamientos y sentimientos del resto. Puede suceder que este narrador no conozca algunos hechos del relato.
  • Narrador omnisciente. No participa en la historia y relata los acontecimientos en tercera persona y de manera objetiva. Además, sabe todo lo que sucedió y cuáles son los sentimientos, pensamientos e intenciones de los distintos personajes.
  • Narrador testigo. Utiliza la tercera persona y, en algunos casos, la primera persona para relatar los acontecimientos. Es un personaje de la historia, pero nunca es el protagonista, ya que solo observa o los hechos que le ocurrieron a otros personajes. Existen tres tipos de narrador testigo:
     Testigo impersonal. Narra acontecimientos que presenció, pero en los que no participó. Se suele contar la historia en presente.
    – Testigo presencial. Es un personaje secundario que narra desde su perspectiva los hechos en los que participaron otros personajes o en los que tuvo poca intervención.
    – Testigo informante. Narra lo sucedido como si estuviera transcribiendo los hechos o la información a un documento oficial.
  • Narrador observador. Relata la historia en tercera persona y de manera objetiva, es decir, que no opina sobre lo acontecido. No participa en la trama y solo puede contar aquello que se percibe con los sentidos, por eso, no hace mención de los pensamientos, intenciones y sentimientos de los personajes.
  • Narrador equisciente. Relata la historia en tercera persona y se centra en contar lo que le ocurrió y lo que sabe un solo personaje, sobre el que cuenta sus pensamientos, sus sentimientos y sus intenciones. Sobre el resto de los personajes solo puede hacer conjeturas.
  • Narrador múltiple. Se combinan y alternan varios narradores que cuentan una misma historia, es decir, los hechos se relatan desde múltiples perspectivas.
  • Narrador enciclopédico. Relata hechos o explica teorías o conceptos en tercera persona y de manera objetiva e imparcial. Este narrador no se utiliza en textos literarios, sino en textos científicos o académicos, como enciclopedias o manuales escolares.

Ejemplos de narrador

  1. Narrador en primera persona – Autobiografía, de Agatha Christie

Una de las mejores cosas que le pueden tocar a uno en la vida es una infancia feliz. La mía lo fue. Tenía una casa y un jardín que me gustaban mucho, una juiciosa y paciente nodriza, y por padres dos personas que se amaban tiernamente y cuyo matrimonio y paternidad fueron todo un éxito.

Mirando hacia atrás, veo que el nuestro era un hogar feliz, gracias, en gran parte, a mi padre que era un hombre muy complaciente. En nuestros días no se da mucha importancia a esta cualidad. Se suele preguntar si un hombre es inteligente e industrioso, si contribuye al bienestar común, si tiene influencias.

  1. Narrador en segunda persona – Memorias póstumas de Brás Cubas, de Joaquim Machado de Assis

Retén esta expresión, lector; guárdala, examínala, y si no llegas a entenderla, puedes concluir que ignoras una de las sensaciones más sutiles de ese mundo y de aquel tiempo.*

*En muchas partes de este libro, se utiliza la segunda persona para hablarle al lector, pero la mayoría de la novela está narrada en primera persona.

  1. Narrador en tercera persona – Ilíada, de Homero

Los demás dioses y hombres, dueños de carros de guerra,
durmieron toda la noche, mas el grato sueño no dominaba a Zeus,
que dudaba en su mente cómo honrar a Aquiles
y aniquilar a muchos sobre las naves de los aqueos.
Y he aquí el plan que se le reveló el mejor en su ánimo:
enviar sobre el Atrida Agamenón al pernicioso Ensueño.

  1. Narrador protagonista – David Copperfield, de Charles Dickens

Si soy yo el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, lo dirán estas páginas. Para empezar mi historia desde el principio, diré que nací (según me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la noche. Y, cosa curiosa, el reloj empezó a sonar y yo a gritar simultáneamente.

Teniendo en cuenta el día y la hora de nacimiento, la enfermera y algunas comadronas del barrio (que tenían puesto un interés vital en mí bastantes meses antes de que pudiéramos conocernos personalmente) declararon: primero, que estaba predestinado a ser desgraciado en esta vida, y segundo, que gozaría del privilegio de ver fantasmas y espíritus.

  1. Narrador omnisciente – “Las ruinas circulares”, de Jorge Luis Borges

El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro.

  1. Narrador testigo impersonal – La colmena, de Camilo José Cela

La mujer se va por la acera, camino de la plaza de Alonso Martínez. En una ventana del Café que hace esquina al bulevar, dos hombres hablan. Son dos hombres jóvenes, uno de veintitantos y otro de treinta y tantos años; el más viejo tiene aspecto de jurado en un concurso literario; el más joven tiene aire de ser novelista.

  1. Narrador testigo presencial – El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

Guardó silencio. Las llamas se deslizaban por el río, llamas pequeñas y de color verde, llamas rojas, llamas blancas, que se perseguían y que se alcanzaban, uniéndose, para luego cruzarse y separarse muy lentamente, o muy aprisa. El tráfico de la gran ciudad proseguía en una noche cada vez más densa, sobre un río que jamás dormía. Nos observábamos, esperando, pacientemente. No había nada que hacer mientras no cambiara la marea, pero solo después de un largo silencio, al decir Marlow, con vos vacilante, “Supongo, camaradas, que recordaréis que en cierta ocasión probé suerte como marino de agua dulce”, nos dimos cuenta de que estábamos condenados a escuchar, antes de que la corriente comenzara a descender, otra de sus experiencias ambiguas e inconclusas historias.

  1. Narrador testigo informante – El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra

Cuando yo oí decir «Dulcinea del Toboso», quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y, haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del libro; y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo, y prometió de traducirlos bien y fielmente y con mucha brevedad; pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la mano tan buen hallazgo, le truje a mi casa, donde en poco más de mes y medio la tradujo toda, del mesmo modo que aquí se refiere.

  1. Narrador observador – “El matadero”, de Esteban Echeverría

Sucedió, pues, en aquel tiempo, una lluvia muy copiosa. Los caminos se anegaron; los pantanos se pusieron a nado y las calles de entrada y salida a la ciudad rebosaban en acuoso barro. Una tremenda avenida se precipitó de repente por el Riachuelo de Barracas, y extendió majestuosamente sus turbias aguas hasta el pie de las barrancas del alto. El Plata creciendo embravecido empujó esas aguas que venían buscando su cauce y las hizo correr hinchadas por sobre campos, terraplenes, arboledas, caseríos, y extenderse como un lago inmenso por todas las bajas tierras. La ciudad circunvalada del Norte al Este por una cintura de agua y barro, y al Sud por un piélago blanquecino en cuya superficie flotaban a la ventura algunos barquichuelos y negreaban las chimeneas y las copas de los árboles, echaba desde sus torres y barrancas atónitas miradas al horizonte como implorando misericordia al Altísimo. Parecía el amago de un nuevo diluvio.

  1. Narrador equisciente – “Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi enseguida.



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