GRADO 9° LENGUA CASTELLANA
BIENVENIDOS A NUESTRAS CLASES DE LENGUA CASTELLANA 2026
SEMANA 1 y 2
SEMANA 3 - 4
una descripción objetiva de los temas, hechos o sucesos acaecidos durante la sesión o reunión y, en segundo lugar, un texto escrito de registro que describe, de manera precisa, el desarrollo de los aspectos fundamentales de un trabajo realizado.
Un protocolo es más que un acta, es decir, va más allá de recapitular de manera cronológica y puntual cada uno de los sucesos ocurridos en un evento o reunión.
Un protocolo tampoco es un simple resumen; no se limita a presentar una síntesis global de un tema genérico. De igual manera, el protocolo no es un ensayo crítico sobre un determinado proceso de trabajo. Menos todavía, un protocolo consiste en una compilación de opiniones sueltas, expuestas a lo largo de una sesión, encuentro o seminario.
El protocolo, como instrumento de trabajo y seguimiento de un proceso, es importante porque permite, entre otras cosas:
a. Convertir las opiniones sueltas en enunciados con sentido.
b. Enterar a las personas ausente de un trabajo desarrollado durante algún tipo de sesión.
c. Concentrar la atención de los participantes hacia los temas prioritarios de una exposición, a la vez que dirigirla de manera consciente.
d. Reforzar el proceso de enseñanza – aprendizaje en tanto la reconstrucción de un proceso permite fijar con mayor fuerza campos de información.
e. Contar con una descripción narrada de primera mano que posibilita construir la memoria de un proceso y, al mismo tiempo registrar las decisiones fundamentales que se tomen en el curso de la discusión
f. Conocer las distintas formas y maneras como los participantes de un evento interpretan la experiencia, resaltando determinados hechos o enfatizando algunos puntos.
g. Identificar aquellos temas en los cuales el grupo logró una adecuada o inadecuada asimilación de los contenidos. De la misma manera, detectar cuáles temas, que eran importantes, pasaron desapercibidos por el grupo, o los vacíos que deben cubrirse en posteriores oportunidades. Y finalmente, evidenciar las zonas de consenso en torno a decisiones, asuntos o problemas.
Se puede utilizar cualquier estilo de redacción, pero insistiendo en la claridad, precisión y sencillez. Puede ayudarse de diagramas o esquemas aclaratorios.
Por su valor de registro, el protocolo debe tener una estructura lo suficientemente ágil y concreta como para que cualquier lector pueda enterarse, sin gran dificultad, de lo ocurrido durante el evento que se describe narrativamente.
Por lo mismo, es recomendable que un protocolo contenga las siguientes partes:
a. Una identificación de la situación: lugar geográfico, fecha, hora, objetivo o motivo del evento, participantes, duración, momentos de la sesión, etc.
b. Descripción de las actividades: si se hizo mediante una exposición o en trabajo en grupo, si fue utilizando un taller o una plenaria, o un grupo focal o una dinámica de observación, etc.
c. Temas tratados en orden de importancia: cuáles fueron las columnas vertebrales de la discusión, cuáles las líneas – fuerza que soportaron el desarrollo del evento. Aquí es donde el trabajo de escritura es de suma importancia, pues no se trata de enumerar los temas, sino de desarrollarlos narrativamente.
d. Decisiones o acuerdos fundamentales a que se llegaron: pueden referirse al inmediato o largo plazo, pueden haber surgido durante el desarrollo del evento y no siempre al final; pueden no haberse evidenciado como decisiones de manera explícita por lo cual, hay que inferirlas.
e. Tareas asignadas, compromisos establecidos, responsables: es el puente de conexión entre uno y otro evento o entre sesiones. Pueden consistir en: lecturas asignadas, trabajos por realizar, ejercicios formales y no formalizados, productos de diversa índole, etc. Es la clave registrar la importancia de la tarea dentro del proceso, y si hay responsables directos o si es una responsabilidad grupal.
De los protocolos académicos se aprenden dos cuestiones fundamentales.
Primero, se aprende a discutir, a distinguir entre la mera opinión y el real aporte. Se comprende que una intervención sólo constituye un aporte real a una discusión si beneficia a todos y si aumenta el conocimiento de todos sobre un tema. Muchas veces pensamos que lo importante en una discusión es opinar; después de haber intentado protocolar discusiones convertidas en “simples discusiones” aprendemos que lo importante es aportar y construir en colectivo, respetando la diferencia.
Segundo, se aprende a resumir una discusión, resaltando el avance del conocimiento grupal acerca de un cierto tema. Esto significa que se aprende a escuchar atentamente, buscando lo que une a todos los participantes en la discusión, incluso a través de sus divergencias. Se aprende a ir más allá de las intervenciones individuales y a reconocer los caminos de la discusión, los puntos de partida, las ramificaciones y los puntos de llegada.
PARTES DEL PROTOCOLO
CABECERA DEL PROTOCOLO: Evento (organizador), Fecha, Lugar y Duración. Número de protocolo.
DESARROLLO DEL TEMA: temas vistos, aportes importantes, socializaciones relevantes, actividades realizadas. Conclusiones…
COMPROMISOS: Si hay tareas asignadas y quiénes son los responsables.
FIN DEL PROTOCOLO: Firma del autor del Protocolo Función del protocolo en el ámbito del aprendizaje.
El protocolo es el momento de explicitar los procesos, es una oportunidad de hacer sugerencias sobre el contenido. Ese proceso que sensibilizó a alguien, se expresa.
Es un punto de partida, uno de esos criterios es el de selectividad, consignamos eventos, experiencias, pensamientos que son significativos y que tienen una importancia especial.
Esa selección de lo que es más importante, no es arbitraria, tiene que tener alguna justificación. Por ejemplo, al momento de determinar la temática de la sesión, se debe recurrir al criterio de la selección. Allí se dicen cosas que parecen interesantes, pero que son comentarios al margen del propósito general de la reunión, porque se desvió la conversación hacia ese lado, porque alguien quiso hacer un paréntesis o porque ocurrió algo insólito que de golpe nos hizo pensar eso, aunque no fuera lo más relacionado con el tema.
Otro criterio está relacionado con lo personal como sujeto participante en el proceso.
Por ejemplo, para alguien fue muy interesante una lectura, sus características y temáticas, esto lo recogería en su protocolo. Pero para otra persona, lo importante fue el procedimiento del trabajo en grupo, ya que arrojó más luces e hizo que el aprendizaje tuviera más significado. Esta no significa que cuando se hace un protocolo, se tenga libertad para poner allí lo que se le ocurra al protocolando, pero sí se tiene una cierta libertad para dar una versión de los hechos y que en el momento de ponerse en común, se puede complementar con lo que se agregue.
Entonces cuando volvemos a leer el protocolo, podemos encontrar momentos que pueden volver a tener un valor significativo, en términos conceptuales e investigativos.
Esa es la naturaleza de los protocolos.
TEMA: Los niveles de comprensión lectora
- Consiste en entender lo que el texto dice de manera explícita
- Consiste en comprender a partir de indicios que proporciona el texto
- Requiere un alto grado de abstracción por parte del lector
- Se construyen inferencias cuando se comprende por medio de relaciones y asociaciones el significado del texto
- Nivel crítico
- Consiste en evaluar el texto, ya sea su tema, personaje, mensaje, etc. Se evalúa críticamente el texto
Cuerpo y alma
[Cuento - Texto completo.]
Gibrán Jalil GibránUn hombre y una mujer se sentaron junto a una ventana abierta a la primavera. Se sentaron uno junto al otro. Y la mujer dijo:
-Te amo. Eres bello y rico, y estás siempre bien ataviado.
Y el hombre dijo:
-Te amo. Eres un bello pensamiento, algo demasiado etéreo para sostenerlo en la mano, y una canción en mis sueños.
Mas, la mujer se levantó con furia y replicó:
-Señor, por favor déjame ya. No soy un pensamiento ni una cosa que pasa por tus sueños. Soy una mujer. Preferiría que me desearas como esposa y madre de niños no nacidos aún.
Y se separaron.
Y el hombre hablaba en su corazón: “He aquí otro sueño que se convierte en humo”.
Y la mujer decía: “Bien. ¿Y qué decir de un hombre que se convierte en humo y sueños?”
¿Qué es la lectura inferencial?
La lectura inferencial es aquella que va más allá del sentido literal de un texto, colocándola en contexto con otras obras y con su tiempo histórico, deduciendo elementos como la intención del autor, ideas y pensamiento que se desprenden de la lectura, influencias previas y posteriores, etc.
- Hallar las pistas o claves significativas.
- Encontrar más de una interpretación o significado en todo aquello que lean.
- Localizar datos o ideas que el escritor o escritora pretenden transmitir.
- Utilizar esta estrategia en cualquier texto.
En este nivel el estudiante responde preguntas como:
-
¿Por qué ocurrió algo?
-
¿Qué quiso decir el autor?
-
¿Qué pasará después?
-
¿Qué se puede deducir de una situación?
Importancia de la lectura inferencial
La lectura inferencial es importante porque:
-
Permite comprender el sentido profundo del texto, no solo lo que dice literalmente.
-
Desarrolla el pensamiento crítico y analítico en los estudiantes.
-
Ayuda a interpretar intenciones, emociones y causas dentro de una historia.
-
Fortalece la capacidad de hacer hipótesis y conclusiones.
-
Es una habilidad clave en evaluaciones como las pruebas de comprensión lectora y las evaluaciones escolares.
Lengua Castellana – Grado 9°
Comprensión
de lectura – Tema: Texto argumentativo
Realiza
la lectura del texto y responde las preguntas, el trabajo se entreqa en hojas
de block sin rayas, escrito a mano y
bien presentado.
Lectura: El impacto de la tecnología en la
educación
La tecnología ha transformado profundamente la manera en que las personas aprenden y enseñan. Hace algunas décadas, la educación dependía casi exclusivamente de libros impresos, cuadernos y clases presenciales. Hoy en día, los estudiantes tienen acceso a una enorme cantidad de información a través de internet, plataformas virtuales y herramientas digitales.
Uno de los cambios más importantes es el acceso inmediato al
conocimiento. Antes, para investigar un tema era necesario acudir a bibliotecas
o consultar enciclopedias. Actualmente, un estudiante puede encontrar
artículos, videos, cursos y documentos en cuestión de segundos.
Sin embargo, este acceso también implica nuevos desafíos. No
toda la información que se encuentra en internet es confiable. Por esta razón,
es fundamental que los estudiantes desarrollen habilidades de pensamiento
crítico que les permitan analizar las fuentes y verificar la veracidad de los
datos.
Otra ventaja de la tecnología es la posibilidad de aprender de
manera interactiva. Existen aplicaciones educativas, simuladores y plataformas
que permiten realizar experimentos virtuales, resolver ejercicios o participar
en clases en línea.
Durante la pandemia de COVID-19, muchas instituciones educativas
tuvieron que adaptarse rápidamente a la educación virtual. Esto demostró que la
tecnología puede ser una herramienta fundamental para garantizar la continuidad
del aprendizaje en situaciones difíciles.
No obstante, también se evidenciaron problemas como la
desigualdad en el acceso a dispositivos electrónicos y conexión a internet.
Muchos estudiantes en diferentes regiones del mundo no pudieron continuar sus
estudios de manera adecuada debido a la falta de recursos tecnológicos.
Por esta razón, expertos en educación señalan que la
tecnología debe utilizarse como una herramienta complementaria y no como un
reemplazo total de la enseñanza presencial. El papel del docente sigue siendo
fundamental para orientar, explicar y acompañar el proceso de aprendizaje.
Además, la tecnología puede fomentar nuevas formas de
colaboración entre estudiantes. A través de plataformas digitales es posible
trabajar en proyectos grupales, compartir documentos y comunicarse con
compañeros y profesores en tiempo real.
En conclusión, la tecnología representa una gran oportunidad
para mejorar la educación, pero también plantea retos importantes. El desafío
actual consiste en utilizarla de manera responsable, crítica y equilibrada para
aprovechar sus beneficios sin perder los aspectos humanos del aprendizaje.
Preguntas
Nivel literal
- ¿Cómo era la
educación hace algunas décadas?
- ¿Qué
herramienta permite acceder rápidamente a información hoy?
- ¿Qué ocurrió
con la educación durante la pandemia?
- ¿Qué problema
enfrentaron muchos estudiantes durante la educación virtual?
- ¿Qué papel
siguen teniendo los docentes?
Nivel inferencial
- ¿Por qué es
importante desarrollar pensamiento crítico al usar internet?
- ¿Cómo puede la
tecnología mejorar el aprendizaje?
- ¿Qué
consecuencias tiene la desigualdad tecnológica?
- ¿Por qué la
tecnología no debe reemplazar totalmente al docente?
- ¿Qué ventajas
tiene el trabajo colaborativo en línea?
Nivel crítico e intertextual
- ¿Crees que la
tecnología mejora realmente la educación? Justifica.
- Relaciona este
texto con tu experiencia como estudiante.
- ¿Qué riesgos
puede tener el uso excesivo de tecnología?
- Elabora un
cuadro comparativo
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Educación tradicional |
Educación con tecnología |
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- Realiza un
esquema o mapa conceptual sobre el impacto de la tecnología en la educación.
Hernando Téllez (Colombia, 1908- 1966)
No saludó al entrar. Yo estaba repasando sobre una badana la mejor de mis navajas. Y cuando lo reconocí me puse a temblar. Pero él no se dio cuenta. Para disimular continué repasando la hoja. La probé luego sobre la yema del dedo gordo y volví a mirarla contra la luz. En ese instante se quitaba el cinturón ribeteado de balas de donde pendía la funda de la pistola. Lo colgó de uno de los clavos del ropero y encima colocó el kepis. Volvió completamente el cuerpo para hablarme y, deshaciendo el nudo de la corbata, me dijo: “Hace un calor de todos los demonios. Aféiteme”. Y se sentó en la silla. le calculé cuatro días de barba. Los cuatro días de la última excursión en busca de los nuestros. El rostro aparecía quemado, curtido por el sol.
Me puse a preparar minuciosamente el jabón. Corté unas rebanadas de la pasta, dejándolas caer en el recipiente, mezclé un poco de agua tibia y con la brocha empecé a revolver. Pronto subió la espuma “Los muchachos de la tropa deben tener tanta barba como yo”. Seguí batiendo la espuma. “Pero nos fue bien, ¿sabe? Pescamos a los principales. Unos vienen muertos y otros todavía viven. Pero pronto estarán todos muertos”. “¿Cuántos cogieron?” pregunté. “Catorce. Tuvimos que internarnos bastante para dar con ellos. Pero ya la están pagando. Y no se salvará ni uno, ni uno”. Se echó para atrás en la silla al verme la brocha en la mano, rebosante de espuma Faltaba ponerle la sábana. Ciertamente yo estaba aturdido. Extraje del cajón una sábana y la anudé al cuello de mi cliente. Él no cesaba de hablar. Suponía que yo era uno de los partidarios del orden. “El pueblo habrá escarmentado con lo del otro día”, dijo. “Sí”, repuse mientras concluía de hacer el nudo sobre la oscura nuca, olorosa a sudor. “¿Estuvo bueno, verdad?” “Muy bueno”, contesté mientras regresaba a la brocha.
El hombre cerró los ojos con un gesto de fatiga y esperó así la fresca caricia del jabón. Jamás lo había tenido tan cerca de mí. El día en que ordenó que el pueblo desfilara por el patio de la escuela para ver a los cuatro rebeldes allí colgados, me crucé con él un instante. Pero el espectáculo de los cuerpos mutilados me impedía fijarme en el rostro del hombre que lo dirigía todo y que ahora iba a tomar en mis manos. No era un rostro desagradable, ciertamente. Y la barba, envejeciéndolo un poco, no le caía mal. Se llamaba Torres. El capitán Torres. Un hombre con imaginación, porque ¿a quién se le había ocurrido antes colgar a los rebeldes desnudos y luego ensayar sobre determinados sitios del cuerpo una mutilación a bala? Empecé a extender la primera capa de jabón. El seguía con los ojos cerrados. “De buena gana me iría a dormir un poco”, dijo, “pero esta tarde hay mucho qué hacer”. Retiré la brocha y pregunté con aire falsamente desinteresado: “¿Fusilamiento?” “Algo por el estilo, pero más lento”, respondió. “¿Todos?” “No. Unos cuantos apenas”.
Reanudé de nuevo la tarea de enjabonarle la barba. Otra vez me temblaban las manos. El hombre no podía darse cuenta de ello y ésa era mi ventaja. Pero yo hubiera querido que él no viniera. Probablemente muchos de los nuestros lo habrían visto entrar. Y el enemigo en la casa impone condiciones. Yo tendría que afeitar esa barba como cualquiera otra, con cuidado, con esmero, como la de un buen parroquiano, cuidando de que ni por un solo poro fuese a brotar una gota de sangre. Cuidando de que en los pequeños remolinos no se desviara la hoja. Cuidando de que la piel, quedara limpia, templada, pulida, y de que al pasar el dorso de mi mana por ella, sintiera la superficie sin un pelo. Sí. Yo era un revolucionario clandestino, pero era también un barbero de conciencia, orgulloso de la pulcritud en su oficio. Y esa barba de cuatro días se prestaba para una buena faena.
Tomé la navaja, levanté en ángulo oblicuo las dos cachas, dejé libre la hoja y empecé la tarea, de una de las patillas hacia abajo. La hoja respondía a la perfección. El pelo se presentaba indócil y duro, no muy crecido, pero compacto. La piel iba apareciendo poco a poco. Sonaba la hoja con su ruido característico, y sobre ella crecían los grumos de jabón mezclados con trocitos de pelo. Hice una pausa para limpiarla, tomé la badana, de nuevo yo me puse a asentar el acero, porque soy un barbero que hace bien sus cosas. El hombre que había mantenido los ojos cerrados, los abrió, sacó una de las manos por encima de la sábana, se palpó la zona del rostro que empezaba a quedar libre de jabón, y me dijo: “Venga usted a las seis, esta tarde, a la Escuela”. “¿Lo mismo del otro día?”, le pregunté horrorizado. “Puede que resulte mejor”, respondió. “¿Qué piensa usted hacer?” “No sé todavía. Pero nos divertiremos”. Otra vez se echó hacia atrás y cerró los ojos. Yo me acerqué con la navaja en alto. “¿Piensa castigarlos a todos?”, aventuré tímidamente. “A todos”. El jabón se secaba sobre la cara. Debía apresurarme. Por el espejo, miré hacia la calle. Lo mismo de siempre: la tienda de víveres y en ella dos o tres compradores. Luego miré el reloj: las dos veinte de la tarde. La navaja seguía descendiendo. Ahora de la otra patilla hacia abajo. Una barba azul, cerrada. Debía dejársela crecer como algunos poetas o como algunos sacerdotes. Le quedaría bien. Muchos no lo reconocerían. Y mejor para él, pensé, mientras trataba de pulir suavemente todo el sector del cuello. Porque allí sí que debía manejar coro habilidad la hoja, pues el pelo, aunque es agraz, se enredaba en pequeños remolinos. Una barba crespa. Los poros podían abrirse, diminutos, y soltar su perla de sangre.
Un buen barbero como yo finca su orgullo en que eso no ocurra a ningún cliente. Y éste era un cliente de calidad. ¿A cuántos de los nuestros había ordenado matar? ¿A cuántos de los nuestros había ordenado que los mutilaran? ... Mejor no pensarlo. Torres no sabía que yo era un enemigo. No lo sabía él ni lo sabían los demás. Se trataba de un secreto entre muy pocos, precisamente para que yo pudiese informar a los revolucionarios de lo que Torres estaba haciendo en el pueblo y de lo que proyectaba hacer cada vez que emprendía una excursión para cazar revolucionarios. Iba a ser, pues, muy difícil explicar que yo lo tuve entre mis manos y lo dejé ir tranquilamente, vivo y afeitado.
La barba le había desaparecido casi completamente. Parecía más joven, con menos años de los que llevaba a cuestas cuando entró. Yo supongo que eso ocurre siempre con los hombres que entran y salen de las peluquerías. Bajo el golpe de mi navaja Torres rejuvenecía, sí; porque yo soy un buen barbero, el mejor de este pueblo, lo digo sin vanidad. Un poco más de jabón, aquí, bajo la barbilla, sobre la manzana, sobre esta gran vena. ¡Qué calor! Torres debe estar sudando como yo. Pero él no tiene miedo. Es un hombre sereno que ni siquiera piensa en lo que ha de hacer esta tarde con los prisioneros. En cambio yo, con esta navaja entre las manos, puliendo y puliendo esta piel, evitando que brote sangre de estos poros, cuidando todo golpe, no puedo pensar serenamente. Maldita la hora en que vino, porque yo soy un revolucionario pero no soy un asesino. Y tan fácil como resultaría matarlo.
Y lo merece. ¿Lo merece? No, ¡qué diablos! Nadie merece que los demás hagan el sacrificio de convertirse en asesinos. ¿Qué se gana con ello? Pues nada. Vienen otros y otros y los primeros matan a los segundos y éstos a los terceros y siguen y siguen hasta que todo es un mar de sangre. Yo podría cortar este cuello, así, ¡zas! No le daría tiempo de quejarse y como tiene los ojos cerrados no vería ni el brillo de la navaja ni el brillo de mis ojos. Pero estoy temblando como un verdadero asesino. De ese cuello brotaría un chorro de sangre sobre la sábana, sobre la silla, sobre mis manos, sobre el suelo. Tendría que cerrar la puerta. Y la sangre seguiría corriendo por el piso, tibia, imborrable, incontenible, hasta la calle, como un pequeño arroyo escarlata. Estoy seguro de que un golpe fuerte, una honda incisión, le evitaría todo dolor. No sufriría. ¿Y qué hacer con el cuerpo? ¿Dónde ocultarlo? Yo tendría que huir, dejar estas cosas, refugiarme lejos, bien lejos. Pero me perseguirían hasta dar conmigo. “El asesino del Capitán Torres. Lo degolló mientras le afeitaba la barba. Una cobardía”. Y por otro lado: “El vengador de los nuestros. Un nombre para recordar (aquí mi nombre). Era el barbero del pueblo. Nadie sabía que él defendía nuestra causa...” ¿Y qué? ¿Asesino o héroe? Del filo de esta navaja depende mi destino.
Puedo inclinar un poco más la mano, apoyar un poco más la hoja, y hundirla. La piel cederá como la seda, como el caucho, como la badana. No hay nada más tierno que la piel del hombre y la sangre siempre está ahí, lista a brotar. Una navaja como ésta no traiciona. Es la mejor de mis navajas. Pero yo no quiero ser un asesino, no señor. Usted vino para que yo lo afeitara. Y yo cumplo honradamente con mi trabajo... No quiero mancharme de sangre. De espuma y nada más. Usted es un verdugo y yo no soy más que un barbero. Y cada cual en su puesto. Eso es. Cada cual en su puesto.
La barba había quedado limpía, pulida y templada. El hombre se incorporó para mirarse en el espejo. Se pasó las manos por la piel y la sintió fresca y nuevecita.
“Gracias”, dijo. Se dirigió al ropero en busca del cinturón, de la pistola y del kepis. Yo debía estar muy pálido y sentía la camisa empapada. Torres concluyó de ajustar la hebilla, rectificó la posición de la pistola en la funda y, luego de alisarse maquinalmente los cabellos, se puso el kepis. Del bolsillo del pantalón extrajo unas monedas para pagarme el importe del servicio. Y empezó a caminar hacia la puerta. En el umbral se detuvo un segundo y volviéndose me dijo:
“Me habían dicho que usted me mataría. Vine para comprobarlo. Pero matar no es fácil. Yo sé por qué se lo digo”. Y siguió calle abajo.
¿Qué es un texto narrativo?
Un texto narrativo es aquel que relata una serie de hechos ocurridos a uno o varios personajes a través de un narrador (de ahí su nombre). Pueden ser de naturaleza ficticia o real. Por ejemplo, las novelas, cuentos o biografías.
Normalmente sigue una organización secuencial que consta de una introducción, un desarrollo y un final.
Y dependiendo de su duración, veracidad, cronología o presencia de elementos gráficos, un texto narrativo puede considerarse un cuento, novela, fábula, crónica, biografía o historieta.
Como hemos mencionado, el texto narrativo cuenta una historia (real o ficticia) a partir del punto de vista de un narrador, con unos personajes, espacio y tiempo determinados. Veamos los diferentes tipos de textos narrativos que existen:
Tipos de textos narrativos
- Cuento. Es una narración literaria corta y compuesta por pocos personajes. Cuenta con un único conflicto, que finalmente acaba con su desenlace.
- Novela. Es una narración literaria de mayor extensión y desarrollo que el cuento. Las novelas tienen un conflicto principal, pero también varios conflictos secundarios que se desarrollan y resuelven a lo largo del relato. Además, cuentan con un mayor número de personajes. Suelen estar divididas en capítulos.
- Historieta. Es una narración que combina texto con elementos gráficos. Suelen tener un personaje principal y varios secundarios. Se caracterizan por representar gráficamente aquello que está escrito.
- Chiste. Es una narración breve que utiliza recursos o juegos de palabras con el objetivo de entretener o hacer reír al lector.
- Diario de vida. Es una serie de relatos escritos por un autor en primera persona, que intenta expresar hechos o experiencias personales que desea registrar.
- Biografía. Es un texto que busca narrar la vida de una persona. Generalmente, se escriben biografías sobre personajes que resultan significativos dentro de la sociedad, por lo que resulta interesante dar a conocer su vida. Si la biografía es escrita por la persona de la que se trata la historia, se denomina autobiografía.
- Crónica. Es el relato cronológico de un acontecimiento. Los hechos se narran en el orden en que ocurrieron.
- Mito y leyenda. Son narraciones que mezclan hechos realePers y sobrenaturales y que explican un hecho en particular. Si bien originalmente se transmitían en forma oral, algunos autores recopilaron mitos y leyendas en narraciones escritas.
Tipos de narradores según la persona gramatical
Hay distintos tipos de narradores según qué persona gramatical se utiliza más. En algunos textos, estos narradores se pueden combinar.
- Narrador en primera persona (yo, nosotros). Se utiliza para narrar los hechos desde el punto de vista de un personaje, que puede ser o no protagonista. Es un narrador interno, porque forma parte de la historia contada.
- Narrador en segunda persona (tú, usted, ustedes). Dirige su discurso al lector, a un personaje o a sí mismo. Algunos textos pueden estar enteramente narrados en segunda persona o pueden combinar esta persona con la primera o con la tercera. Este tipo de narrador es el menos utilizado en textos literarios, y apela a la empatía del lector.
- Narrador en tercera persona (ella, él, ellas, ellos). Cuenta los hechos desde el punto de vista de una entidad que está por fuera de la historia. En algunos casos, este narrador puede tener una participación acotada en la trama.
Tipos de narradores según su conocimiento
Los narradores también se clasifican según el conocimiento o el nivel de cercanía que tienen sobre los hechos, los temas o los personajes y según cómo es su intervención en la trama.
- Narrador protagonista. Es el personaje principal y utiliza la primera persona para relatar la historia. Por eso, los hechos se cuentan de manera subjetiva, es decir, se incluyen las opiniones, sentimientos e intenciones de este personaje, pero no se mencionan los pensamientos y sentimientos del resto. Puede suceder que este narrador no conozca algunos hechos del relato.
- Narrador omnisciente. No participa en la historia y relata los acontecimientos en tercera persona y de manera objetiva. Además, sabe todo lo que sucedió y cuáles son los sentimientos, pensamientos e intenciones de los distintos personajes.
- Narrador testigo. Utiliza la tercera persona y, en algunos casos, la primera persona para relatar los acontecimientos. Es un personaje de la historia, pero nunca es el protagonista, ya que solo observa o los hechos que le ocurrieron a otros personajes. Existen tres tipos de narrador testigo:– Testigo impersonal. Narra acontecimientos que presenció, pero en los que no participó. Se suele contar la historia en presente.– Testigo presencial. Es un personaje secundario que narra desde su perspectiva los hechos en los que participaron otros personajes o en los que tuvo poca intervención.– Testigo informante. Narra lo sucedido como si estuviera transcribiendo los hechos o la información a un documento oficial.
- Narrador observador. Relata la historia en tercera persona y de manera objetiva, es decir, que no opina sobre lo acontecido. No participa en la trama y solo puede contar aquello que se percibe con los sentidos, por eso, no hace mención de los pensamientos, intenciones y sentimientos de los personajes.
- Narrador equisciente. Relata la historia en tercera persona y se centra en contar lo que le ocurrió y lo que sabe un solo personaje, sobre el que cuenta sus pensamientos, sus sentimientos y sus intenciones. Sobre el resto de los personajes solo puede hacer conjeturas.
- Narrador múltiple. Se combinan y alternan varios narradores que cuentan una misma historia, es decir, los hechos se relatan desde múltiples perspectivas.
- Narrador enciclopédico. Relata hechos o explica teorías o conceptos en tercera persona y de manera objetiva e imparcial. Este narrador no se utiliza en textos literarios, sino en textos científicos o académicos, como enciclopedias o manuales escolares.
Ejemplos de narrador
- Narrador en primera persona – Autobiografía, de Agatha Christie
Una de las mejores cosas que le pueden tocar a uno en la vida es una infancia feliz. La mía lo fue. Tenía una casa y un jardín que me gustaban mucho, una juiciosa y paciente nodriza, y por padres dos personas que se amaban tiernamente y cuyo matrimonio y paternidad fueron todo un éxito.
Mirando hacia atrás, veo que el nuestro era un hogar feliz, gracias, en gran parte, a mi padre que era un hombre muy complaciente. En nuestros días no se da mucha importancia a esta cualidad. Se suele preguntar si un hombre es inteligente e industrioso, si contribuye al bienestar común, si tiene influencias.
- Narrador en segunda persona – Memorias póstumas de Brás Cubas, de Joaquim Machado de Assis
Retén esta expresión, lector; guárdala, examínala, y si no llegas a entenderla, puedes concluir que ignoras una de las sensaciones más sutiles de ese mundo y de aquel tiempo.*
*En muchas partes de este libro, se utiliza la segunda persona para hablarle al lector, pero la mayoría de la novela está narrada en primera persona.
- Narrador en tercera persona – Ilíada, de Homero
- Narrador protagonista – David Copperfield, de Charles Dickens
Si soy yo el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, lo dirán estas páginas. Para empezar mi historia desde el principio, diré que nací (según me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la noche. Y, cosa curiosa, el reloj empezó a sonar y yo a gritar simultáneamente.
Teniendo en cuenta el día y la hora de nacimiento, la enfermera y algunas comadronas del barrio (que tenían puesto un interés vital en mí bastantes meses antes de que pudiéramos conocernos personalmente) declararon: primero, que estaba predestinado a ser desgraciado en esta vida, y segundo, que gozaría del privilegio de ver fantasmas y espíritus.
- Narrador omnisciente – “Las ruinas circulares”, de Jorge Luis Borges
El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro.
- Narrador testigo impersonal – La colmena, de Camilo José Cela
La mujer se va por la acera, camino de la plaza de Alonso Martínez. En una ventana del Café que hace esquina al bulevar, dos hombres hablan. Son dos hombres jóvenes, uno de veintitantos y otro de treinta y tantos años; el más viejo tiene aspecto de jurado en un concurso literario; el más joven tiene aire de ser novelista.
- Narrador testigo presencial – El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad
Guardó silencio. Las llamas se deslizaban por el río, llamas pequeñas y de color verde, llamas rojas, llamas blancas, que se perseguían y que se alcanzaban, uniéndose, para luego cruzarse y separarse muy lentamente, o muy aprisa. El tráfico de la gran ciudad proseguía en una noche cada vez más densa, sobre un río que jamás dormía. Nos observábamos, esperando, pacientemente. No había nada que hacer mientras no cambiara la marea, pero solo después de un largo silencio, al decir Marlow, con vos vacilante, “Supongo, camaradas, que recordaréis que en cierta ocasión probé suerte como marino de agua dulce”, nos dimos cuenta de que estábamos condenados a escuchar, antes de que la corriente comenzara a descender, otra de sus experiencias ambiguas e inconclusas historias.
- Narrador testigo informante – El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra
Cuando yo oí decir «Dulcinea del Toboso», quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y, haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del libro; y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo, y prometió de traducirlos bien y fielmente y con mucha brevedad; pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la mano tan buen hallazgo, le truje a mi casa, donde en poco más de mes y medio la tradujo toda, del mesmo modo que aquí se refiere.
- Narrador observador – “El matadero”, de Esteban Echeverría
Sucedió, pues, en aquel tiempo, una lluvia muy copiosa. Los caminos se anegaron; los pantanos se pusieron a nado y las calles de entrada y salida a la ciudad rebosaban en acuoso barro. Una tremenda avenida se precipitó de repente por el Riachuelo de Barracas, y extendió majestuosamente sus turbias aguas hasta el pie de las barrancas del alto. El Plata creciendo embravecido empujó esas aguas que venían buscando su cauce y las hizo correr hinchadas por sobre campos, terraplenes, arboledas, caseríos, y extenderse como un lago inmenso por todas las bajas tierras. La ciudad circunvalada del Norte al Este por una cintura de agua y barro, y al Sud por un piélago blanquecino en cuya superficie flotaban a la ventura algunos barquichuelos y negreaban las chimeneas y las copas de los árboles, echaba desde sus torres y barrancas atónitas miradas al horizonte como implorando misericordia al Altísimo. Parecía el amago de un nuevo diluvio.
- Narrador equisciente – “Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi enseguida.

